El Cañero

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30 de diciembre de 2017

Ante la dolorosa y sorpresiva muerte del artista Tony Capellán

Escrito por  Abil Peralta Agüero
Ante la dolorosa noticia, que espantó y golpeo severamente a la comunidad artística y cultural del país y del exterior, dando cuenta de la sorpresiva muerte del artista contemporáneo Tony Capellán, les presento la breve reflexión que escribí para la ocasión, y les presento para su lectura y reflexión, la entrevista que le hiciera el crítico de arte y curador Amable López Meléndez, publicada en el suplemento Areito del Periódico Hoy el 7 de agosto de 2004.
El artista dominicano contemporáneo Tony Capellán, (Tamboril, Santiago, 1955-Santo Domingo, 2017), fue el más vital de los profetas del arte dominicano del siglo xx/xxi, quien durante décadas, con arrojo y determinación, mantuvo la poética y dramática fantasía de su voz hablándonos a todos, nativos y extranjeros, desde la materialidad de sus palabras con un profundo dolor existencial, y su evidente ira contenida ante el silencio y mimetismo de los centros de poder político global; desde donde se genera y dirige la horda autodestructiva del hombre y la consecuente desmaterialización del planeta tierra, expresado en la sucia, criminal, degradante y apocalíptica industria de contaminación que la diabólica ideología civilizatoria ha impuesto como sentencia del fin de los tiempos contra aquellas almas incapaces de sobrevivir en medio del proceso de industrialización de la propia razón de existir y convivir con la naturaleza, incluyendo el pensamiento y memoria del agua, los mares oceánicos y los grandes ríos que nacieron con la misma edad de la tierra.
Tony Capellán estaba claro y seguro de sí mismo al momento de asumir como ideología radical el Neohumanismo ecológico, no el Panteísmo deíctico y mítico de contemplar la naturaleza; por lo que él, todos los días, minutos y segundos de su vida hablaba con el mar, escribía en su arena, lo amaba. Fue la razón por la que se convirtió en guerrero y santo de las olas, sintiendo la cercanía y reacciones propias de un mar agradecido, ante la presencia del amante y protector aparecido, quien como si asumiera el espíritu y visión filosófica de Jean Dubuffet, descubrió que el esplendor de la belleza también reside en la armonía del ruido de las cosas, en la herida del objeto que muere en el mar, en el tamaño del desamparo de la pisada y el calzado remoto (la chancleta-fósil como mejor representación simbólica de que al mar, a los océanos van a parar los tesoros de los más débiles y los desechos de quienes dan y arrancan la vida en la tierra).
Su pensamiento estético-conceptual y la rigurosa formación técnica, académica y filosófica sobre la real función del arte, lo impulsó a convertirse en un oficiante del proceso creador a la manera de los artistas totalizadores del Renacimiento, que tuvieron muy claro cuál era su papel en la historia y en el tiempo: hacer del arte un artefacto de guerra y doctrina para la sobrevivencia y convivencia humana con la naturaleza. Fue la razón por la que, con maestría y técnica excepcional, pero sobre todo bajo el peso de toneladas de poesía, Tony Capellán transitó con extraordinaria calidad estética por los dominios de la técnica del grabado en todas sus variantes de producción e impresión, por el dibujo, escultura, pintura y como jefe del más poderoso regimiento de artistas que desde la instalación y el arte conceptual, como variante de expresión estética, técnica y estilística, fue capaz reorientar con sentido crítico, el rumbo de los procesos creativos del arte en el mundo, en su caso, en la Republica Dominicana.

No por azar, Tony Capellán, a pesar de su discreta presencia en la escena pública de la vida cultural del país, se ganó la admiración y el respeto de todos aquellos que tenían bien claro, que él estaba firme en su compromiso, determinación y fe de que de algún día, su voz de alerta, la voz de su arte, declararían como verdad apocalíptica que alguien, en estos precisos momentos, está matando el mundo, matando la naturaleza, matando el mar, matando los peces y el aire, y matando la gente y matando la esperanza; es por lo que ahora recuerdo conmovido su memorable exposición individual de instalaciones titulada “Flotando”, presentada en el 2013 en el Centro Cultural de la Embajada de España, en la que más que exponer, allí librero y tatuó gritos, más bien relámpagos de tormenta sobre la contaminación de los mares del Caribe y el planeta entero.

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