Entre “La Carcelita” y destacamentos se origina el baile de los presos en la ciudad de Santiago.
Hensy Martínez, Indira Vásquez
Santiago, LD .- La crisis de los privados de libertad en
“La Carcelita” de Santiago, ahora se ha mudado a los destacamentos policiales
de Santiago.
El encierro comienza mucho antes de que un juez
conozca una medida de coerción.
Detrás de barrotes oxidados, entre calor sofocante, malos
olores y celdas saturadas, decenas de personas permanecen retenidas durante
días y hasta semanas esperando una audiencia que, según establece la ley, debe
celebrarse en un plazo máximo de 48 horas.
Durante un recorrido realizado por distintos cuarteles de
Santiago, este medio constató condiciones de hacinamiento e insalubridad que
defensores públicos y abogados califican como una violación sistemática a
derechos fundamentales.
El primer golpe llega incluso antes de entrar a las
celdas. En el destacamento de Pueblo Nuevo, un mal olor a putrefacción y
penetrante domina el ambiente. La humedad atrapada en los pasillos y la fetidez
anticipan las condiciones en las que sobreviven los detenidos.
La escena, sin embargo, no es aislada; en destacamentos
como El Ejido, la unidad de Violencia de Género, las condiciones se repiten:
espacios reducidos, sobrepoblación, ausencia de ventilación y detenidos
retenidos en instalaciones concebidas únicamente para estadías temporales.
Allí, bajo techos sofocantes y celdas improvisadas,
permanecen hombres y mujeres a la espera del conocimiento de medidas de
coerción.
La defensora pública Milagros del Carmen Rodríguez
atribuye la situación al colapso del Centro de Atención y Privación de Libertad
Provisional (CAPLIP), conocido como “La Carcelita”, cuya falta de capacidad ha
provocado que los destacamentos funcionen como cárceles improvisadas.
“En mi visita como defensora, los destacamentos estaban
abarrotados de personas con solicitud de medida de coerción sin que se les
conociera la medida, porque nadie los traslada al momento en que está fijada”,
denunció.
La consecuencia directa es que detenciones preventivas
terminan convirtiéndose en encierros prolongados dentro de celdas policiales
diseñadas para permanencias momentáneas.
Lo que debió ser una retención temporal se ha
transformado, según abogados consultados, en un limbo judicial marcado por
aplazamientos, falta de transporte y saturación institucional.
Cabe destacar que hay personas que permanecen privadas de
libertad por redadas, por rebeldía o por pago de una deuda o manutención.
hacinamiento y calor









