El Cañero

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10 de septiembre de 2020

PRM tiene que hilar fino en la relación partido-gobierno

Yanessi Espinal  | El Caribe
Durante la transición, perremeístas acudieron al hostal Nicolás de Ovando, donde despachaba Abinader, a llevar currículos.
Presión por empleos puede llegar a crisis en el PRM y la base está irritada, por lo que llama “gobierno de riquitos”
El Partido Revolucionario Moderno (PRM) lleva poco más de tres semanas que se instaló por primera vez como partido de gobierno con un presidente, Luis Abinader, sin experiencia de Estado previa y sin carrera política dilatada en lo referente a la carpintería de un partido.
En la medida en que pasa el tiempo los miembros y militantes del PRM, que aún no han recibido un empleo en el Estado, han empezado a desesperarse y las señales son cada vez más evidentes. Algunos han manifestado acciones de violencia, como golpear compañeros de su propio partido, otros han quemado gomas y algunos dirigentes de alto perfil empiezan a organizar los que siguen en el banco de espera con la finalidad de desarrollar una estrategia de presión que obligue al gobierno de Abinader a tomarlos en cuenta para empleos y cargos en el Estado o, de lo contrario, se podría producir una crisis importante a lo interno del PRM por los puestos de trabajo del sector público. En las redes sociales abundan las quejas de dirigentes de todos los niveles del PRM, porque los funcionarios, según dicen, no les toman ni las llamadas.
La situación es tal que dirigentes como el expresidente Hipólito Mejía, Jesús Vásquez Martínez o Geanilda Vásquez, han llamado a la calma a sus compañeros del PRM. Otro dirigente, Ramón Alburquerque, rechazó un nombramiento en el Estado, “porque eso no fue lo que hablamos” con el presidente Abinader.
Siendo justo, el presidente Abinader ha designado muchos funcionarios que no son de las filas del PRM, pero también muchos de primera línea que son dirigentes de larga data como Jesús (Chu) Vásquez Martínez, Deligne Ascensión, Luis Valdez, Antoliano Peralta, Antonio Almonte, Eduardo Sanz Lovatón, Orlando Jorge Mera y Roberto Fulcar, por citar algunos.
Pero a pesar de eso, la percepción que se ha construido del gobierno de Abinader es que es de élite profesional y empresarial, un factor que alienta el malestar de los perremeístas por la amplia participación de figuras de la sociedad civil y el empresariado, que al parecer tienen un trato preferencial en la Administración.
Mientras en la opinión pública se debate sobre los altos perfiles técnicos de algunos de los nuevos funcionarios, en su gran mayoría egresados de las universidades privadas y centros de tanta fama y de la élite mundial como la Universidad de Yale, en Estados Unidos. Quienes se sienten excluidos en el PRM lo denominan el “gobierno de los riquitos”.
De hecho, con la llegada de la nueva administración y el perfil de sus funcionarios toma cada vez más cuerpo el discurso de que no cometerán actos de corrupción, porque llegan al gobierno con las necesidades materiales cubiertas. Intencional o no, ese enfoque envía el mensaje de que la condición de carencia material de una persona lo descalifica para administrar fondos públicos, porque estaría tentado a sustraerlos, lo que choca con la esencia de la base popular del PRM, la misma del Partido Revolucionario Dominicano (PRD). Aunque en las pasadas elecciones ese partido recibió un gran respaldo de la clase media, su base de sustentación no proviene de ese sector social, sino de clases más populares.

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