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24 de septiembre de 2017

El día después en El Seibo, narrado por un periodista de sus entrañas

¡Dicen que los hombres no lloran, pero admito que lloré!
Más de 1,200 hogares, afectados, pero se habló de unidad, de amor, de juntarnos, de ayudar, de ser solidarios, de llevar propósitos comunes, de poner de lado las diferencias políticas, sociales y religiosas.
FLORENTINO DURAN
EL SEIBO: Cuando habían transcurrido varias horas del paso del ojo del huracán María por la costa Norte del país, cuando pensamos que había pasado lo peor de este fenómeno, que incluso no nos trajo tantas aguas y vientos, como se proyectaba, entonces nos llegó la otra parte.
  Eran cerca de las 5:00 de la tarde del jueves. Retornaron las lluvias de forma intensa. El servicio de energía que se mantenía en algunos barrios, se fue totalmente, aunque las brigadas de EdeEste, seguían trabajando.
  La telefonía de Claro, que utiliza la mayoría, incluyendo el internet, se fue abajo. En el aire, solo se quedó Radio Seybo, como emisora.
  Las gotas se escuchaban gruesas, el tiempo se hizo largo. Cuando disminuyeron las lluvias, se supo que el peligro era en Ginandiana y Capotillo. En ambos barrios, entró el río Seibo. Incluso en la escuela Severina Cerda de Mota que estaba como refugio, cayeron varias paredes, la gente pedía auxilio, desde el techo del segundo piso.

Al frente en Conani, verjas y paredes estaban en el suelo. No faltaron quienes aprovecharon la confusión, para saquear alimentos y parte del desayuno escolar, que se guardaba allí.
  Llegaron brigadas de Obras Públicas y con una pala, trasladaron adultos, niños y ancianos a un lugar seguro. La asistencia también evitó que el sereno ‘se desesperara’, con la misma soga que fue rescatado, por un valiente joven de la barriada, cuando el agua lo acorraló.
  Se habló que esa escuela del nuevo esquema educativo, nunca debió construirse en ese lugar, y menos en la misma ruta del rio. Que los hoyos de las paredes debieron estar rellenos, con más varillaje y hasta de los porcientos que dejó, como si se buscara de un culpable.
  En el mismo momento, cargaban ayudas hacia Miches. Estaba oscuro y con muchos árboles, los ríos seguían creciendo. El gobernador Casanova, iba en camino. Los afluentes crecieron, bajaron obstáculos de las loma, ni pudo llegar, ni regresar, hasta que lo auxiliaron a las 4:00 de la mañana.
  En Ginandiana, cientos de familias seguían a las orillas del rio y no tan cerca, lo dejaban todo, para salvar sus vidas. Los celulares del barrio, recogieron cada una de esas historias. En el grupo estaban Pedro Aníbal Santos, alias Pedro Cacao, quien lleva una vida ligada a la agricultura. Por más de 40 años, había comprado ajuares para él y su familia, tres varones y tres hembras y en pocos minutos, los perdió todo.
  Rubén Darío Polanco Gil de 72 años, a quien cargaron los muchachos de la Defensa Civil, al sacarlo de su casucha, tenía poco, pero mucho para él, todas sus pertenencias. Lo peor fue que no pudo sacar el Atenolor y la Nipidipina, para sus problemas de hipertensión.
  Elizabeth Burgos, también dejó todo, se fue donde una vecina. Vio cuando el rio, penetraba lento, creció y se tornó agresivo al entrar a su hogar, sin ser invitado.
  Al otro día, Damián con apenas 6 años, a salvo con su padre, tras regresar de donde un pariente le dijo: “Papi, ¡esa no es la casa que vivíamos!”. Camilo Herrera llevaba varios reportes para Radio Seybo y Dial aclarando que no habían desaparecidos.
  Del Repuesto de Ginandiana, sacaron todos los motores. En un colmado cerca de la escuela, se enlodaron todas latas, en hilera en la acera del vecindario, muebles, colchones, radios, televisores planos, bocinas y hasta los interiores, inservibles.
  La escena era dramática, replica del día después del holocausto, una vecina se acercó ofreciendo comida a otra. Se veía una mochila secándose afuera, mientras otro se secaba las lágrimas, dentro.
  Curiosos y voluntarios bajaron al lugar. Algunos solo a mirar para contar y otros dispuestos ayudar. El doctor Guillermo Nolasco, se cuadraba para ‘acabar’ por las redes los constructores de la escuela y Miguel Ángel Gullón, activó su equipo en Radio Seybo, para las acciones a seguir. Elizabeth entregaba raciones cocinadas junto a Nicolás Mercedes en Ginandiana; José Agustín y Soraya Chahín daban consejos en la radio, Cesarín Leonardo, pedía una oración a su pastora y Bienvenido Mejía, planteaba sus estadísticas. 
  Las llamadas a la radio venían de todos lados aclamando ayudas. Juan Pradio analizó en la mañana, Wellington Hiciano recomendó en la tarde e Israel Morales controlo ‘todo el día’. Quien quiso habló, aunque lo subliminal, se vio en unos más que en otros.
Pedían que se les restableciera el servicio eléctrico y otros como diez niños y una invidente en el albergue de la escuela Manuela Diez, se quejaban que no les había llegado alimento a las 2:00 de la tarde.
  El hermano Leo Francis se encargó de la medicina de Rubén Darío Polanco en la iglesia Bethel. Petra Ubiera del Acopio, al advertir que no llevaran ‘trapos viejos’ y Amado Guerrero Castillo, seguía quejándose  y llamando a los programas.
  Ito Peralta reportó que el presidente Medina llegó a Miches. Que todo se inundó y que ya limpiaron el camino. Muchos lo esperaban aquí y no faltaron quienes recordaron que no ha venido a la ciudad, después que es Presidente. Horas después, se sobaron las manos, cuando escucharon un helicóptero….pero era Alicia Ortega.
  No faltaron los borrachos en el hospital, ni heridos tras ir a ver la crecida del Soco, pasados de tragos. Se analizaron las ayudas, la reubicación de casas, los enceres eléctricos y que no ocurra lo de Villa Progreso. Los que viven fuera, preocupados y dispuestos al rescate. Robinson y Chino Bueno, preparaban ayudas desde Nueva York;  Kenia Bisonó gestionaba en la capital y Ricardo Jacobo envió botellones de agua. ¡Qué alegría!, vino el padre Antonio Villavicencio, a traer ayuda; pero que pena,  que no fue para quedarse.
  ¡Vaya!, Que ironía. Un día difícil, que pudo ser peor, si los efectos del huracán María, se hubiesen sentido con mayor fuerza. Se habló de los daños a la agricultura, de no lanzar basura, de cómo se desafía la naturaleza, de programar, de aprovechar el tiempo y de organizarnos.

  Pero más que todo, se habló de unidad, de amor, de juntarnos, de ayudar, de ser solidarios, de llevar propósitos comunes, de poner de lado las diferencias políticas, sociales y religiosas. De perdonar, de pedir para otros, de orar, de amar, de solidarizarnos, de comprensión; de que todo ‘obra para bien’, pero sobretodo de dar gracias a Dios. ¡Qué día más ajetreado!

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