El Cañero

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10 de diciembre de 2018

La Utopía de Tomás Moro; Las viviendas, la agricultura y el trabajo.


José Gómez Cerda
Tomás Moro fue uno de los grandes humanistas, que dieron profundidad al siglo del renacimiento; político, gobernante, escritor, intelectual, y mártir católico.
Él nació  el 7 de febrero de 1478, en Londres, Inglaterra, y murió el 6 de julio de 1535, decapitado por orden del Rey Enrique VIII, en Londres.
Tomás Moro es conocido mundialmente por oponerse al divorcio del Rey Enrique VIII para casarse con Ana Bolena, que motivó una oposición de la Iglesia Católica, que él apoyo, y le costó la vida; pero él es también el autor de la obra “UTOPIA”.
Tomás Moro describió un estado ideal, al que llamó Utopía, nombre compuesto por las palabras griegas “u” (no) y “topos” (lugar), es decir, un lugar inexistente.
El éxito de la obra hizo que la palabra perdurara y hoy sirva para hacer referencia a un plan, proyecto, doctrina o sistema optimista que aparece como irrealizable en el momento de su formulación.
Tomás Moro describe una isla, una sociedad que vive sin dinero, el trabajo es producido por todos, nadie es propietario de nada; una sociedad ideal, al cual no se ha llegado en ninguna parte del mundo.
Vivienda.
En Utopía todas las viviendas son muy parecidas, Las fachadas de los edificios son similares. Todas las casas están situadas en calles de igual amplitud.
Todas tienen cerraduras muy sencillas, que se pueden abrir fácilmente. Nadie teme los robos porque no hay propiedad privada y nadie posee objetos de especial valor.
Todas las casas tienen jardines especialmente cuidados. Existe cierta competitividad por tener los mejores jardines. Cada 10 años las casas cambian de moradores por sorteo.
Con este planteamiento del tema, Moro evita distintos problemas:
Las envidias producidas por la calidad de las viviendas. La inseguridad interna derivada de los robos y los saqueos, La falta de cuidado de los edificios y la dejadez de los espacios verdes, la socialización de los espacios.
Agricultura y ganadería.
Todos los habitantes de Utopía son expertos en los trabajos del campo.
Aprenden dichas labores en la escuela, realizando prácticas en las afueras de las ciudades.
Tanto las mujeres como los hombres trabajan en el campo, cultivando el terreno, cuidando ganado o talando árboles. El trabajo en el campo es rotativo, en turnos de dos años. Para mejorar la productividad, utilizan todo tipo de utensilios.
La agricultura proporciona todo lo necesario para el consumo autosuficiente. Los métodos de trabajo permiten la obtención de excedentes todos los años. No hay propiedad privada de la tierra, por lo que el Estado es el propietario tanto de la tierra como de los productos recogidos.
Tomás Moro presta una especial atención al trabajo del campo al explicar el modelo económico de Utopía:
Resalta la necesidad de formación desde la infancia.
Formaliza un sistema de turnos para compartir la dureza del trabajo agropecuario, reconoce la utilidad de la tecnología para incrementar los rendimientos agrícolas, en su mundo ideal, no necesita importar grano, sino que produce excedentes comercializables.
El  pueblo es el propietario de la tierra, los medios de producción y los productos.
El Trabajo.
En Utopía trabajan tanto las mujeres como los hombres. Estos realizan trabajos más duros que aquellas. Junto a los trabajos del campo, los niños tienden a aprender los oficios artesanales de sus padres.
No obstante, si quieren aprender otro oficio diferente, pasan en adopción a otra familia, bajo la supervisión de un magistrado.
Los ciudadanos pueden aprender tantos oficios como quieran. En Utopía, se ocupan de mantener el pleno empleo, por lo que no hay vagabundos.
La jornada laboral es de 6 horas diarias, en turnos de 3 horas de mañana y tarde; tiempo suficiente para producir excedentes.
Los utópicos suelen ocupar el tiempo de ocio escuchando música, leyendo literatura, asistiendo a tertulias o participando en juegos de habilidad. También hay utópicos que prefieren seguir trabajando fuera de su horario laboral.
El trabajo no es retribuido con dinero, ya que no existe en Utopía. El ocio tampoco cuesta nada.
Los únicos que tienen el privilegio de no trabajar en Utopía son los estudiantes, cuya misión es prepararse para convertirse en embajadores, sacerdotes, magistrados o, incluso, príncipes.
Es curiosa la concepción del trabajo de Moro: Reduce la jornada laboral a 6 horas diarias, y piensa que con apoyo tecnológico y motivación es tiempo suficiente para producir excedentes.
Relaciona el aprendizaje de oficios con la vida familiar, siendo excesivo en el tema de las adopciones. En Utopía existe el pleno empleo.
El trabajo no es remunerado con dinero, el ocio es gratuito.
Santo Domingo, diciembre 2018

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