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11 de septiembre de 2018

Cuestionan uso de aguacates para reforestar en la Sierra; Gobierno apoya producción


Entre productores en la Sierra de Bahoruco hay empresarios con filiación política
SANTO DOMINGO.- Entre 2013 y mitad del 2018 la República Dominicana exportó US$170.6 millones en aguacates, según Aduanas. El país buscar mantenerse en el mercado de este fruto que mantiene un interés comercial y gastronómico a nivel internacional. Pero esa atención genera cuestionamientos ambientales por la cantidad de agua necesaria para cultivarlo y porque una parte de la producción se realiza dentro de un área protegida.
Aunque especialistas afirman que la planta no es idónea para reforestar, el Gobierno entiende que hay formas de que su producción sea sostenible.
“Las variedades de mayor demanda internacional, como la variedad Hass, requieren de condiciones geográficas especiales como altitud, temperatura media anual, etcétera. Los lugares propicios para esta variedad se encuentran en las zonas altas del país, donde precisamente se originan la mayoría de los ríos”, explica José Martínez, especialista en agronomía y asesor agrícola.
El Ministerio de Agricultura estima que el 25 % de la producción nacional es de la variedad Hass. Entre 2013 y 2018 Aduanas registra que el país exportó un valor de más de US$20.8 millones de esa variante. De esta se cultiva en las montañas de Los Arroyos, en la fronteriza provincia Pedernales, donde se calcula que los sembradíos de aguacates abarcan unas 15,000 tareas de terrenos del Parque Nacional Sierra de Bahoruco y la mano de obra es predominantemente haitiana.
“El aguacate, por su tamaño protege de la erosión pero en sentido general consume más agua que los cultivos menores”.
Productores de Pedernales han negado que generen un impacto ambiental negativo ya que no están deforestando. Argumentan que en esas tierras se cultivaban rubros de ciclo corto y la siembra de aguacates es un tipo de reforestación. Sin embargo, la demanda de agua de este fruto y el hecho de no ser endémico de la zona es un punto en contra que destacan ambientalistas.
“Ningún cultivo agrícola sustituye un bosque”, afirma Martínez.
Con el asesor agrícola también coincide José Manuel Mateo, coordinador de la Comisión de Ciencias Naturales y Medio Ambiente de la Academia de Ciencias de la República Dominicana. “Para un trabajo de reforestación con fines de restaurar el bosque, de restaurar las funciones del ecosistema, lo ideal es que usen plantas endémicas y nativas. Si tú lo que vas a generar es un tema de comercio, de negocio, pues tu sembrarás lo que creas que te genere negocio”, dice.
Una plantación de aguacates con una densidad de 500 árboles por hectárea, en plena producción a la edad de cinco años en adelante puede demandar en promedio 800 metros cúbicos de agua por hectárea por semana; plantaciones de dos a cinco años requieren entre 350 y 500, estima Martínez.
En México, principal exportador mundial de aguacate, se han deforestado miles de hectáreas de bosques de pino y encino. En Chile, que también es de los primeros en la lista, como los bosques se desmontan para sembrar las plantas, se ha comprobado la seca de ríos y desabastecimiento de agua en las comunidades donde están las industrias.
Ecologistas han alertado sobre la reducción del caudal del río Mulito en Pedernales, que sirve de fuente de agua y de energía para una hidroeléctrica en esa provincia. Lo atribuyen a la producción de aguacates y a la sequía. Otros argumentan que es algo cíclico.
“El aguacate, por su tamaño protege de la erosión pero en sentido general consume más agua que los cultivos menores”, precisa Martínez.
El Parque Nacional Sierra de Bahoruco fue declarado como tal en la década de 1980 y tiene una extensión aproximada de 1,100 kilómetros cuadrados. Es un sistema vital para la captación de agua y, de acuerdo a un informe del Grupo Jaragua, aloja una biodiversidad única que comprende 30 de las 32 aves endémicas de la isla y 27 migrantes invernales.
Durante décadas se ha mantenido un conflicto sobre los derechos de la explotación de sus tierras por personas que tenían terrenos cultivables antes de la declaratoria de Parque Nacional y la delimitación de sus límites. En ese dilema se apoya el ministro de Agricultura, Osmar Benítez, para sostener que se debe dialogar para encontrar una solución amigable al medioambiente que no afecte a los humanos y conserve el suelo. Plantea, por ejemplo, entre planta y planta sembrar especies naturales de la zona, grama, maíz forrajero y otras.
“El Ministerio de Agricultura está de acuerdo con que los cultivos de ciclo corto no deben ser desarrollados, pero (sí) los cultivos permanentes que son árboles, que van a contribuir con el proceso de deforestación que estaba ocurriendo ahí fruto de invasión de ciudadanos extranjeros”, dice Benítez. “Estás inversiones que están haciendo nos ayudan a tener personas ahí que cuidan, que cuidan la dominicanidad, que cuidan el territorio y están invirtiendo para hacer cultivos permanentes bajo prácticas de conservación”.
Al cuestionarle al ministro sobre el alto consumo de agua de los aguacates y la aseveración de que no es idóneo para reforestar, responde: “Nadie consume más agua que el ser humano, nadie (...) ¿entonces vamos a eliminar a los seres humanos?”.
“Es un error tratar de venderle a la población la idea de que la agricultura de montaña no se puede”.
El Grupo Jaragua sostiene que la mayor parte de la agricultura en la Sierra ha sido a expensas del bosque latifoliado. Entre los propietarios de las parcelas de aguacates hay personas con filiaciones políticas.
El 24 de abril de 2018, el entonces ministro de Medio Ambiente, Francisco Domínguez Brito, firmó una resolución prohibiendo las actividades agrícolas y ganaderas dentro del Parque, y el ingreso de plántulas, fertilizantes y otros agroquímicos, insumos en general y herramientas con fines agropecuarios. Además, otorgó 60 días para cosechar y retirar los cultivos en desarrollo y para desmantelar las infraestructuras y equipos relacionados con la agropecuaria.
Sin embargo, grupos ecologistas denunciaron recientemente que productores han usado vehículos pesados para abrir una carretera en el área protegida.
“El problema aquí no es si comenzó a llover mucho y Mulito vuelve a tener agua, si hay una sequía y no tiene agua, es que allí hay unos procesos hidrológicos que están asociados al tipo de bosque que hay allí, si terminas dañando o afectando los bosques que están allí, eso va a tener una repercusión en la producción de agua”, dice Mateo, de la Academia de Ciencias.
El pasado 4 de septiembre el ministro de Medio Ambiente, Ángel Estévez, visitó el Parque Nacional en compañía de representantes del Grupo Jaragua, de la Fundación Desde el Medio y de la Sociedad Ecológica de Pedernales. El funcionario aseguró: “Hay una realidad social que debemos enfrentar, por años esta zona ha sido explotada con fines agrícolas, y dentro de las soluciones a implementar el factor humano estará contemplado para garantizar que mejoren su calidad de vida sin afectar los recursos naturales y garantizando el cumplimiento de la ley”.
El ministro de Agricultura llama al diálogo con los ambientalistas, Medio Ambiente y Agricultura. “Vamos a ponernos de acuerdo”, insiste Benítez. “Es un error tratar de venderle a la población la idea de que la agricultura de montaña no se puede, hay agricultura de montaña con prácticas de manejo de los recursos”.
Sobre la producción de aguacates
Además de Los Arroyos en Pedernales, el Centro de Exportación e Inversión (CEI-RD) detalla que las zonas de mayor producción de aguacate son Cambita en San Cristóbal, San José de Ocoa, Calimete en Elías Piña, Altamira en Puerto Plata y Villa Trina en la provincia Espaillat.
La entidad gubernamental reporta que las plantaciones comerciales del país tienen un promedio de 100 tareas por productor y la producción varía de acuerdo a la edad de cada árbol y de los cuidados de cultivo y manejo. “Una planta de tres años puede producir un promedio de 70 a 80 unidades; a los siete años el rendimiento puede ser superior a las 400 unidades y después de los diez años una mata cuidada supera las 550 unidades de frutas”, explicó el CEI-RD a Diario Libre en un documento escrito.
En la República Dominicana, las variedades tempranas se cosechan de julio a octubre y las tardías entre noviembre a marzo. Diario Libre

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