El Cañero

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29 de mayo de 2014

La opinión del almirante Pared Pérez

Rafael Peralta Romero
 
Rafael Peralta Romero
A todos duele la aparente complacencia de la Policía Nacional frente a la  delincuencia  que devasta de un confín a otro del territorio de la República Dominicana. Como molesta también la displicencia  de los agentes  ante desórdenes en la vía pública y la usurpación de los espacios que corresponden a todos los ciudadanos.

La Policía se queja de la facilidad con que jueces  y fiscales despachan a individuos acusados de  crímenes, robos y violaciones sexuales, quienes una vez en la calle, se  dedican, tal vez con más ahínco, a su bochornoso “trabajo”. Se trata de  sujetos que no tienen temor a los rigores de las cárceles dominicanas.

La   vergüenza  constituye un freno para regular el comportamiento  social de las  personas. Todos somos tentados por el dinero y los placeres de la vida, pero unos resistimos y otros caen –y quieren caer-  en las tentaciones.  El peor  espécimen de la familia humana  es el que ha perdido la vergüenza,  pues se presta para todo.

La falta de pudor es un componente básico en nuestro quehacer político. Escasea  la vergüenza de arriba abajo. Infecta a  los partidos políticos  y a las instituciones estatales. La Policía es una de esas instituciones. A diario se emiten  quejas sobre el comportamiento policial y opiniones acerca de cómo mejorarla.

La prensa, que toca los extremos de la complacencia, cuando usa el adjetivo “presunto” para informar de sujetos sorprendidos  en actos delictivos,  ha informado que el capitán  PN Miguel Ferreras  Bonifacio mató a un “presunto asaltante” y hirió a otro al momento de embestir a una señora, a quien despojaron de dinero y objetos personales.

He aquí que un policía asume un comportamiento excepcionalmente digno y por eso corre riesgo  de crucifixión. La Policía ocupó a los sujetos la cartera de la dama, una pistola,  una motocicleta y dos teléfonos celulares. Hay informes de un testigo que presenció la acción. No me complace para estos bichos la “presunción de inocencia”.

Menos le habría  de gustar al  ministro de Defensa, el almirante   Sigfrido Pared Pérez, quien ha asumido la protección del oficial involucrado en el caso: “En ninguna parte del mundo que un policía enfrente un delincuente, y ese delincuente es ultimado, es enviado a la justicia". Y es como para coincidir con él.

Aquí no  rige la pena de muerte. Pero no será esta columna quien contradiga al ministro militar. Ferreras  Bonifacio debe ser invitado a un almuerzo con la plana mayor  de la Policía. Y allí todos  han de brindar con ese oficial diciéndole: “Usted  lo hizo bien, capitán”. No procede sanción. Por eso respaldo la opinión del almirante Pared Pérez.

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