El Cañero

1 de junio de 2017

Venezolanos buscan opciones en Perú por abusos laborales

Javier Ortega
Una migrante venezolana (c) vende donas en
el sector de la Plaza Grande, en el centro de
Quito. Foto: EL COMERCIO
Quito, Ecuador.- En el pasillo del bus está Antonio, un venezolano de 20 años que llegó hace tres meses al Ecuador.
Durante un minuto habla a los pasajeros de la crisis de su país y de la “extrema devaluación” de la moneda en estos últimos dos años. Tras ese breve discurso, recorre los asientos y ofrece golosinas por USD 0,25 centavos. Dice que esa es la única forma que tiene por ahora de ganar unos dólares y subsistir.
Hace poco más de un mes dejó el empleo que tenía en un restaurante, en Quito. El dueño le ofreció el sueldo básico (USD 375), pero al final solo le pagó USD 90. “Las ventas no estuvieron buenas”, le dijo.
No lo denunció por temor a una deportación, pues está sin los papeles migratorios en regla. Ahora, con lo que gana de los dulces intenta reunir USD 500 para tramitar la visa de trabajo, la única vía para hallar empleo formal.

En el parque La Carolina hay otros venezolanos que han optado por la venta de empanadas, ropa o frutas para ganar dinero. Los migrantes no hablan abiertamente del tema, pero admiten que hay gente que se ha aprovechado de ellos para ofrecerles contratos con más de las ocho horas que fija la ley. En otros casos ni siquiera les pagan.
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