El Cañero

26 de junio de 2017

Después de la Era de Trujillo el país tuvo otra era “La Era de Balaguer”.

Colaboración: Manolo López
Héctor Homero Hernández Vargas, asesinado a plena luz del día frente a su esposa y a los ojos de cuantos se encontraban en la avenida donde los emboscaron durante el balaguerato, fue un osado guerrero que desde los 14 años combatió la tiranía trujillista.
Después del ajusticiamiento del dictador enfrentó a los remanentes de ese régimen y a los gobiernos represivos que le sucedieron alzándose en las montañas en 1963, fue soldado e instructor militar en la Guerra de Abril y prolongó su lucha hasta la arbitrariedad balaguerista de los 12 años.
Por todo ello sufrió persecución, destierro, cárcel. De La 40 lo libertaron por su edad. Al fracasar la guerrilla de Manolo Tavárez, escapó espectacularmente de La Victoria luego de ser arrestado en el frente Hermanas Mirabal, en San Francisco de Macorís, del que fue jefe de operaciones. Rafael Cruz Peralta dirigía ese foco en sustitución de Leandro Guzmán, descubierto y encarcelado.
Homero era audaz, aguerrido, indetenible. Se disfrazaba de forma que no podían identificarlo ni sus más íntimos y así burlaba la vigilancia en aeropuertos tanto para entrar como para salir del país pues aparte de los forzosos exilios estuvo entrenándose en Cuba, China, Corea, Vietnam.
El valor, la sensibilidad y la entrega por lograr una sociedad democrática, justa, fueron herencia de su abuelo, el eminente médico y científico Teófilo Hernández, líder antitrujillista de la región Este, y de su padre Hernando Hernández Pereyra (Nando), exiliado en Cuba por su oposición a la satrapía. Falleció allí cuando Homero apenas contaba nueve años. La tristeza por no tener junto a él a hijos y esposa le ocasionó un infarto.
La muerte a destiempo del padre los condenó al aislamiento. En La Romana, donde nació el revolucionario, apenas saludaban a la familia para no tener problemas con el Gobierno. Su madre, Pura Concepción Vargas (Concha), se trasladó a Santo Domingo con Homero y sus otros hijos Hidalgo y Juan Tomás Hernández Vargas.
En la Capital comenzó la acción política del adolescente que con el tiempo se convirtió en intrépido líder de la izquierda. En el trujillato creó el grupo clandestino “La mano”, fundó la Juventud Revolucionaria Dominicana, del PRD, y en 1962 pasó al 14 de Junio llegando a ser miembro del Buró Militar y del Comité Central. Al dividirse el 1J4 encabezó la Línea Revolucionaria y la Línea Roja de esa agrupación. Posteriormente creó la organización clandestina Unión de Lucha por una Nueva Quisqueya tratando de atraer a esta y al brazo armado que denominó Ejército de Liberación Nacional a obreros, campesinos, estudiantes, profesionales…
Era audaz, aguerrido, indetenible. Se disfrazaba de forma que no podían identificarlo ni sus más íntimos para burlar la vigilancia en aeropuertos. Sufrió persecución, destierro, cárcel y escapó espectacularmente de La Victoria.
Elsa Peña Nadal, la compañera de partido con quien se casó Homero el 14 de septiembre de 1968, no ha permitido que se olviden el nombre y el heroísmo de su esposo. Además de ofrecer charlas, escribir artículos y apoyar con la rica documentación que atesora exposiciones y conferencias sobre él, no desmayó en el propósito de que se le asignara la avenida que en recuerdo a su memoria solicitó la Fundación Manolo Tavárez.
Ella es quien conversa para HOY sobre el político que pese a su fiereza y determinación para la guerra y el enemigo del pueblo era en la intimidad tierno, amoroso, el padre dulce y cariñoso de Keskea Arirín, la única hija a la que daba el primer biberón de leche de la mañana y cambiaba el pañal en los días en que podía estar en los fugaces domicilios que constituyeron el hogar cuando la persecución militar no daba con el paradero de la pequeña familia que formaban los tres. (Keskea falleció el año pasado). En ocasiones, Homero cocinaba. El día que lo ametrallaron dejó preparada una sopa que aprendió a cocinar en China.
Gran lector y escritor. Héctor Homero nació el 12 de septiembre de 1943. En La Romana inició los estudios que completó en la escuela Luisa Ozema Pellerano, en Santo Domingo. Elsa ignora si concluyó el bachillerato. Pero era un incansable lector que comenzaba a devorar libros desde la madrugada. Poseía una rica biblioteca. También escribía.
Entre sus escritos está El camino de la guerra popular en la República Dominicana. “Iba con nosotros el día que lo mataron, yo lo llevaría a la imprenta. La policía lo incautó”, refiere Elsa. Lo publicó tras la muerte de Homero. Contiene trabajos sobre toma de poder, formación de grupos militares, autodefensa, búsqueda de armas, reclutamiento de nuevos miembros… Otro libro que dejó inédito fue Qué hemos sido, qué somos, cómo debemos ser y cómo lograrlo. Narra la historia del 14 de Junio y plantea propuestas. “Vino de China con un pensamiento pro Mao, de espalda al foquismo, apoyándose en las masas, introduciéndose en movimientos estudiantiles, sindicalistas, profesionales”, explica Elsa.
El 22 de septiembre de 1971, después de las 9:00 de la mañana, Homero fue acribillado a balazos a pesar de haber salido desarmado del auto interceptado. Es probable que presintiera su muerte. Ese día irían a presentarle a Keskea Airirín a una prima pero él cambió de planes y la dejó en casa. Elsa iría a la imprenta, él a otro lugar y al final ella devolvería el vehículo alquilado. Lo notó contrariado, relata. Conversaban mientras transitaban por la avenida San Cristóbal y de repente él guardó silencio. Al verse acorralado frenó y entonces los rodearon y a él lo ametrallaron. A Elsa la inmovilizaron para que no se acercara al cadáver.
La calle
A los diez años del asesinato de Homero Hernández se colocó una tarja en el lugar donde lo asesinaron y entre otros oradores habló Juan Bosch que, al concluir sus palabras, manifestó que a la avenida San Cristóbal “deberían ponerle el nombre de Homerito”. A Elsa le quedó latiendo esta idea. La solicitud de la Fundación Manolo Tavárez fue archivada. Paradójicamente, refiere Elsa, un síndico del PRD se negaba a escoger esa vía para no disgustar a los reformistas. Elsa le argumentaba: “¿Por qué no escogieron otro lugar para matarlo? San Cristóbal lo que recuerda es el pueblo donde nació Trujillo”. Y fue precisamente en la gestión de un edil balaguerista, Rafael Corporán de los Santos, cuando se designó “Héctor Homero Hernández Vargas” la antigua avenida San Cristóbal, el 26 de noviembre de 1991.

(Texto y fotos por: Ángela Peña / Publicado el 10 de Agosto de 214 en: Hoy Digital)
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