El Cañero

16 de abril de 2016

Danilo como san Chapeleto

RAFAEL PERALTA ROMERO
Con el impedimento de colocación  en la televisión de  un documental de diez minutos realizado por el PRM (Partido Revolucionario Moderno) el presidente Danilo Medina y su partido (PLD) han incurrido en lo que se dice espantarse con su propia sombra. ¡Campaña sucia!, gritaron sin que  el documental fuera  presentado.
La recopilación  de actos indignos narrados, con imágenes reales, en el vídeo del PRM resulta benigna en proporción con las  indelicadezas que están ocurriendo en República Dominicana. ¿Es mentira, acaso, que el presidente Medina  juró no repostularse y luego sobornó a todos los legisladores para alterar la Constitución y  conseguir la repostulación?
Voceros notables del PLD y del gobierno expresaron que   el documental “La verdad que Danilo quiere ocultar”  es difamatorio porque relata vínculos del mandatario  con  la  firma constructora brasileña que  preside Marcelo Odebrecht, quien guarda prisión en Brasil acusado de corrupción. ¿Es falsa la relación de Medina con dicho empresario y  el gobierno  de ese país?
Recientemente escuché a un perico mediático del gobierno  decir que  el documental del PRM era un refrito. En periodismo, este vocablo  se emplea despectivamente para indicar  que una historia noticiosa se ha compuesto a partir de otras. En verdad, Medina y su gobierno han quedado como Chapeleto después de  su célebre  confesión.
Chapeleto (Ciappelletto, en italiano)  es personaje del Decamerón, la magnífica colección de relatos de Giovanni Boccaccio. Era individuo de mal vivir: siendo notario, sentía grandísima vergüenza si alguno de sus instrumentos no fuera falso. Mentía, engañaba, hurtaba. Tenía todos los vicios.
Gran blasfemador era contra Dios y los santos. Mujeriego en exceso. Robaba con la misma conciencia con que oraría un santo varón. Se le sabía golosísimo y gran bebedor hasta a veces sentir repugnantes náuseas; era jugador con dados trucados. Se fue a Borgoña donde casi nadie le conocía a encargarse de unos negocios de otro. Allí enfermó y un benévolo fraile acudió a confesarle.
El fraile quedó gratamente sorprendido con los  leves pecados que confesara Chapeleto. “Hijo mío, estos pecados son naturales y son asaz leves, y por ello no quiero que te apesadumbres la conciencia más de lo necesario”. Luego Chapeleto lloraba por vergüenza de confesar otra falta: que alguna vez escupió dentro de una iglesia.
 Viendo el fraile que nada le quedaba por decir al enfermo, le dio la absolución y su bendición teniéndolo por hombre santísimo, creyendo ser cierto  lo que el sujeto había dicho. El cura le pidió que si falleciera permitiera ser sepultado en el convento. Y el bandido aceptó.  Empeorando sin remedio, recibió la última unción; y poco después del crepúsculo, el mismo día que había hecho su confesión, murió.
Subiendo al púlpito, el santo fraile que lo había confesado  habló sobre él y su vida, sobre sus ayunos, su virginidad, su simplicidad e inocencia y santidad. Predicó maravillosas cosas.  Y  creció la fama de su santidad y la devoción en que se le tenía y lo llamaron y lo llaman San Chapeleto.
Hace  665 años que Boccaccio escribió esta historia, pero me hace pensar que el vídeo del PRM es para Danilo y el PLD como la confesión de Chapeleto, quien por la ingenua bondad del confesor adquirió la categoría de santo.
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