El Cañero

2 de septiembre de 2016

Voces y ecos: El nacimiento de un libro

RAFAEL PERALTA ROMERO
rafaelperaltar@gmail.com

Ocurre con frecuencia que  personas vinculadas al mundo intelectual consideren que el acto de puesta en circulación  de un libro equivale a un parto y que por tanto  la nueva obra nace en  el momento en que es presentada al público. Me parece que yerran quienes piensan de este modo.
Parir una  obra literaria no es acto  homologable  con una ceremonia tan simple, tan indolora y  tan gozosa como la que suele  rodear el lanzamiento de las nuevas publicaciones. No es justo confundir el  nacimiento de la criatura con el acto de   “anunciación” de la misma. Parir un libro  no es ni   puede ser jamás un acto de un solo día.
El libro, como toda criatura,  conlleva un proceso de gestación y el trabajo de parto  puede durar meses, como  puede llevar años. Todo depende de elementos tales como la magnitud y complejidad de la obra, así  como de la  capacidad de trabajo del autor y del tiempo que dedique a esta complicada tarea.
¿Cómo puede decirse que “Cien años de soledad”, monumento cumbre de la narrativa latinoamericana,  fue parida aquel día de 1967 cuando se dio a conocer? Su autor, Gabriel García Márquez, ha dicho que  el acto material de escribirla le llevó 18  meses, pero llevaba dos décadas  gestándola  en su mente y su conciencia.
Por igual, José Lezama Lima, que  había ganado buen nombre con su obra poética,  sus cuentos y sus ensayos, hasta que a los 56  años de edad publicó otro inmenso monumento de la narrativa latinoamericana, la gran novela “Paradiso”,  de la cual se ha dicho  que explica  el universo poético  del connotado escritor cubano.
Manuel Salvador Gautier ejerció a plenitud la profesión de arquitecto desde 1955,  cuando egresó de la Universidad de Santo Domingo,  y al mismo tiempo fue diseñando en su conciencia  un proyecto  literario de múltiples dimensiones, del  cual se han desprendido  dieciséis novelas. La  primera,  “Tiempo para héroes”, requirió años para su concepción.
En noviembre de 2008 fue publicada la novela “La tumba vacía”, del doctor Arnaldo Espaillat Cabral, acreditado oftalmólogo,  quien relató que desde 1957 elaboró el borrador. Al ser torturado por la  dictadura de los Trujillo, su obra fue  quemada, pero la recuperó gracias a unos pliegos conservados en un baúl de su madre.

Escribir es un trabajo exigente. Quien se dedica a esto como oficio, estará siempre   gestando  la próxima publicación. Algunas  personas  han concebido una obra como el sueño de su vida. La puesta en circulación puede ser el bautizo o presentación en sociedad, pero nunca el parto.  Parir un libro es un trabajo más complejo. 
Publicar un comentario