El Cañero

10 de septiembre de 2016

Sentencia en contra de Roberto Rosario.

Por Manuel Medina Rodríguez
Aquellos sediciosos vientos han traído estos intransitables lodos, cuantas veces escribimos, que la sentencia 168/13 y posteriormente la ley 169/14 iban a crear problemas que repercutirían en el ámbito nacional. Nos opusimos desde un principio no a la sentencia, sino a su aplicación retroactiva a 1929, lo que consideramos una total estupidez política por los hechos ya establecido en ese largo periodo de tiempo; pero el antihaitianismo se imponía y no dejaba ver las consecuencias futuras.
El peligro era el toro negro, la embestida ha sido del toro blanco. La soberanía por la cual se luchaba la han puesto aprueba. Muchos guardarán silencio, o peor dirán, como ya lo están haciendo que el toro blanco tiene todo el derecho de embestir de la manera que lo hizo, justificando esa dependencia impúdica que victimiza nuestra nación.
No estuve de acuerdo con el Dr. Roberto Rosario, pero eso no me llevara a aplaudir la medida que ha tomado el Departamento de Estado Norteamericano contra él, porque lo considero una desconsideración contra el país, una intromisión en los asuntos internos nuestros. Aquí es donde el país está por arriba, de las consideraciones política personales.
Lo irónico es que el artífice de esa sentencia, el culpable de este desaguisado se ha marginado de la controversia, tiro la piedra y escondió la mano. Batallo primero para que una enmienda como esa no pasara, defendiendo la nacionalidad dominicana de su líder Pena Gómez y ya desaparecido este tiro los escrúpulos al zafacón, desempolvando esa azarosa sentencia que echa en el mismo saco el haitiano, de la Era con el recién llegado.

En política se ha repetido innúmeras veces que lo más importante es lo que no se ve y quizás haya más que lo que se dice en esta cancelación de visas a Roberto Rosario, pero fuese cual fuera la razón, la manera arrogante con que se ha hecho, denota una falta de respeto a nuestra soberanía, que debe ser contestada de manera serena pero firme, por el poder ejecutivo.
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