El Cañero

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18 de mayo de 2021

La movilización social personifica el reclamo ciudadano

Kleiner López | El Caribe

El proceso de lucha por el 4% a la Educación Preuniversitaria duró tres años.

Un método pacífico, participativo y que consigue resultados sustituye las incendiarias huelgas de los años 90 y principios del presente siglo XXI

El giro que han dado los movimientos sociales en los últimos años ha sido en la dirección correcta. Han pasado de la huelga a la movilización participativa y de acumular muertes, heridos e impotencia a conseguir resultados que hacen recular decisiones presidenciales y transforman políticas públicas.

Su mejor conquista ha sido lograr que la ciudadanía forme parte de los procesos de lucha porque comprende la importancia del reclamo y lo interpreta como justo y legítimo.

El 4% por la Educación Preuniversitaria, el Derecho a una Nacionalidad, la Marcha Verde, las Protestas de la Plaza de la Bandera, la Despenalización del Aborto por tres Causales son movimientos sociales no solo por los resultados concretos que obtuvieron, sino por la amplia diversidad de organizaciones y ciudadanos que los hicieron posible.

Pero no siempre fue así. Juan Luis Corporán, sociólogo e investigador social, relata que previo al año 1978, las movilizaciones que se producían en el país eran obreros que protestaban contra sus patrones por aumento salarial y mejores condiciones laborales. Los sindicatos de trabajadores ejercían una gran influencia en esas luchas sociales, cuyo escenario era normalmente los alrededores de la empresa donde laboraban los obreros.

A partir de la década de los años 80, comienza una confrontación entre las organizaciones sociales y el Estado que tenía un propósito diferente: mejorar la calidad de vida de la gente en los barrios y las comunidades. ¿El reclamo? carreteras, agua potable, energía eléctrica y salud, entre otras necesidades básicas que el Estado no lograba satisfacer debido a la gran afluencia de personas que se había trasladado del campo a la ciudad, sin ningún ordenamiento territorial.

“Todas las reformas que se dan en los años 80 y 90, la de salud, la seguridad social, la lucha contra la pobreza, el establecimiento del sistema de veeduría, son fruto de esas movilizaciones sociales”, plantea Corporán.

No obstante, aclara que la aprobación de leyes trascendentales no implica necesariamente su aplicación inmediata. De ahí surge, por ejemplo, el reclamo del 4% para la educación preuniversitaria, que se articuló en torno a un desafío: el cumplimiento de la Ley General de Educación 66-97 en materia presupuestaria.

Aprobada en el año 1997, la legislación ordena invertir el 16% del presupuesto nacional o el 4% del producto interno bruto (PIB) en la educación preuniversitaria.

Lo establecido en materia presupuestaria nunca fue observado por los gobiernos de turno. Así que en el año 2010, una serie de acontecimientos generó un clima propicio para la aparición de un movimiento social que no detendría su actividad hasta la materialización de la asignación del 4% del PIB en el Presupuesto de la Nación para el año 2013.

“Las movilizaciones sociales llevan a triunfos importantes”, asegura Corporán, tras explicar que el movimiento del 4% por la Educación Preuniversitaria permitió una acumulación de experiencias que marcarían un nuevo estilo de la gente movilizarse.

“Hasta ese momento, el tipo de repertorio que llevaban a cabo los movimientos sociales estaba más alineado a un paro que a una movilización. Se impedía que el colmado abriera, que circularan los vehículos; se quemaban neumáticos; algunos tiraban basura en las calles y también se suspendían las clases. Todo esto provocaba que la gente se quedara en su casa, en lugar de participar”, explicó.

La lucha que un grupo de jóvenes desarrolló en el año 2009 para preservar el Parque Nacional Los Haitises del intento de instalar una cementera en esa zona protegida fue el primer experimento de una movilización diferente.

La instalación de un campamento de resistencia pacífica en el santuario de flora y fauna nativa, y la ejecución de un plan de incidencia política fueron suficientes para que el presidente Leonel Fernández colocara en primer lugar el interés nacional.

A partir de ahí, el cambio de repertorio de los movimientos sociales fue mostrando un nuevo perfil. Esta es la fotografía: manifestaciones pacíficas, que dan al ciudadano la oportunidad de participar activamente; con un mensaje claro y una contundencia en su accionar que evidencie la firme de decisión de que el proceso de lucha se mantendrá hasta que el objetivo se logre.

Corporán, quien es subdirector técnico de Ciudad Alternativa y ha sido organizador de varios movimientos sociales en el país, lo muestra con ejemplos.

“Miles de familias dominicanas se movilizaron los domingos para reclamar la investigación y sometimiento a la justicia de los funcionarios vinculados a los sobornos de Odebrecht, lo que puso de manifiesto que no hay que temer por la vida cuando se participa en una movilización social pacífica”.

“Mucha gente no entendía bien el reclamo de una redistribución del Presupuesto General del Estado para aplicar la Ley Educativa, pero sí sabía que quería una mejor educación para sus hijos”.

“Por el tipo de movilización que hizo el Movimiento de Jóvenes Dominicanos de Ascendencia Haitiana Reconoci.do, que procuraba el reconocido de la nacionalidad de la población de ascendencia haitiana, no puede decirse que hicieron desórdenes en las calles”, indicó Corporán.

El resultado de la lucha de Reconoci.do y otras organizaciones sociales fue el Plan Nacional de Regularización de Extranjeros, régimen especial para dotar de documentos de identidad y permisos de permanencia a los extranjeros que se encontraban residiendo en el país de forma irregular, que tuvo una vigencia de 18 meses, durante los cuales se acogieron 288,466 extranjeros de 116 nacionalidades, representando los nacionales haitianos el 97.8%, mientras que el resto de las nacionalidades representó aproximadamente el 0.3%.

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