El Cañero

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12 de junio de 2019

TIRARSE EN EL SOFÁ SIN ZAPATILLAS Y VER SERIES, LA VIDA DE RAFA NADAL EN MALLORCA ANTES DE VOLVER AL ENTRENAMIENTO


El lunes abandonó París en avión privado. Antes de enfrentarse a Wimbledon, descubrimos cómo es el día a día del tenista y su novia.
POR ESTEBAN MERCER – revistavanityfair.es
Rafael Nadal y María Francisca Perelló.GTRES/VF
Felicidad es la palabra que mejor define el estado de ánimo de Rafa. Una felicidad que, según los que le conocen, podría ser incluso mayor que la que sintió la primera vez que ganó el torneo parisino sobre tierra batida en 2005. Han pasado muchos años, pero sigue siendo el rey indiscutible, algo que para el tenista es importantísimo pues su nivel de exigencia, lejos de apaciguarse, va en aumento a medida que se hace mayor.
El tenista, acompañado de su equipo y de los miembros de su familia, padres, tíos, primos y su prometida María Francisca Perelló –a la que algunos insisten en llamar Mery cuando ni su novio, ni la familia, ni los amigos han utilizado jamás este anglicismo para referirse a ella–, regresó a Mallorca en un vuelo privado, un medio de transporte que usa en contadísimas ocasiones. Se despidió de París en la mañana del lunes, tras haber disfrutado de una cena bufet en el Hotel Intercontinental a la que asistió don Juan Carlos acompañado de su hija la infanta Elena. El antiguo monarca, muy amigo del tenista, no quiso perderse la celebración y participó activamente de ella, como si fuera uno más del clan. Lo primero que hizo fue despojarse de la corbata y relajarse con Rafa y los suyos, desplegando todos sus encantos. Los que acudieron a la cena volvieron a alabar el sentido del humor y el carácter seductor de don Juan Carlos que se mostró en una forma física excelente.
Rafa Nadal alquila el avión privado para estos desplazamientos familiares, pues aparte de resultar más cómodo le permite celebrar la victoria con los suyos con mayor libertad. Durante la temporada el tiempo es oro. Cuando está junto a ellos, el tenista deja de ser una estrella del deporte y se convierte en el joven normal que nunca ha dejado de ser. Es alegre, despreocupado, hablador y muy amante de esos momentos de intimidad familiar que tanta estabilidad aportan a su vida. Ropa cómoda y al sofá rodeado de tíos y primos.
El hecho es que el manacorí nunca ha querido independizarse de los suyos. Vive en la casa frente al mar de Porto Cristo que construyó su abuelo, de curiosa arquitectura, colonial y modernista y es que el abuelo Rafael, ya desaparecido, era un artista que quiso que sus hijos siguieran junto a él incluso tras sus matrimonios. Rafael vive hoy con María Francisca en el piso que antes ocupaban sus padres a la espera de la boda que ha de tener lugar tras el verano. Según fuentes cercanas a la pareja, todavía no hay nada decidido respecto a cómo ha de ser el enlace pero lo que es seguro es que no habrá exclusiva de ningún tipo. Los novios quieren sobre todo tranquilidad y la mayor normalidad.
El que está muy satisfecho también es Carlos Moyá, entrenador de Nadal y también uno de sus mejores amigos. Sin duda la experiencia del extenista mallorquín, el primero en convertirse en número uno del mundo y con un currículum de éxitos impresionante, es hoy una pieza fundamental del equipo que rodea y protege al tenista con el plus añadido de conocer por haberlo vivido primero, que significa ser un numero uno además de estrella y la presión que este estatus supone.

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