El Cañero

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18 de septiembre de 2014

La poesía de Josanny Moní

RAFAEL PERALTA ROMERO
rafaelperaltar@gmail.com

He  prologado el  singular  libro “Musa” y quiero compartir algunas de las ideas  escritas  al respecto. Se trata de  una poesía esencialmente lírica. Sinceramente lírica, pues  son los sentimientos la materia prima de los textos compuestos por Josanny Moní. El amor  predomina en estos poemas, y ya se sabe  que  es éste uno de los  temas perennes de la poesía universal. 

Josanny Moní, compueblana a quien he conocido por su poesía,   canta a un amor  inexistente, tal vez;  ausente,  al menos, pero, como paradoja,  el ser a quien  habla en los poemas aparece  constantemente,  en su cama,  en su casa, donde ella esté, pero sólo su mundo interior le permite palparlo.

Se  afirma  que la poesía de estos tiempos  se ha apartado del lirismo. No es extraño encontrarse con poesía hueca,  complicada para la lectura y que por tanto no dice nada a los lectores. Ahí debe estar  una de las razones  por las que se lee menos poesía.  El lirismo  viene de lo hondo de quien escribe. Emerson, poeta estadounidense,  ha  escrito que los poetas expresan  cantando lo que aprenden sufriendo.   

La contenida en el  libro de Moní  cuenta emociones, recorre interioridades, vuelca hacia fuera el mundo interior de una joven que ha encontrado en la poesía la forma idónea de expresar su concepción  de la vida y  del amor. Para la poesía no basta un “te quiero”, que es lo que decimos  ordinariamente.

La poesía es un lenguaje trascendente mediante el cual lo que se dice traspasa  la fase  secreta de la relación amorosa y se presume  sobrevivirá al tiempo y a los pesares. El libro de Josanny Moní va creciendo a medida que avanzamos en su lectura. Los textos crecen en fuerza poética y  en intensidad. “Musa”, el  poema que le da título al libro es  un perfecto acopio de los elementos que intervienen en su poesía: viento,  olor de lluvia, olor de café, sus ojos, la mirada del otro, esas gotas incesantes que acosan mi techo…

Es persistente el lirismo, y también el erotismo.  Erotismo del bueno, digo, pues el erotismo  es como el colesterol, uno bueno y el otro malo. El erotismo bueno es vida y belleza, vale decir poesía. El otro se aproxima a lo vulgar.

Esta autora sabe cómo empezar y terminar un poema, no sé en qué academia o taller literario lo ha aprendido, pero  puedo intuir que  la fuerza  de sus versos  es hechura de un mandato superior que emana de la conciencia. Sólo así  puede hablarse tan enfáticamente con un ser que no ha sido visto: “¿Cómo irme de tu vida si nunca he estado?”.

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