El Cañero

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21 de octubre de 2020

DERROTA DE LOS GOLPISTAS Y TRIUNFO DEL PUEBLO BOLIVIANO.

 Opinión Socialista


Argentina. - La derrota electoral de los autores, defensores y beneficiarios del golpe de estado en Bolivia, constituye, sin dudas, un gran triunfo de la clase trabajadora y el pueblo boliviano, que votó masivamente contra los candidatos racistas y proimperialistas dándole su apoyo al partido de Evo Morales, el MAS, que recupera el poder político del Estado.

Desde el primer día del golpe las masas Bolivianas resistieron al mismo, enfrentando durante más de un mes la represión en las calles, hasta que el MAS firmó un acuerdo en la Asamblea Legislativa para el llamado a nuevas elecciones. Esa resistencia continuó y tuvo su pico en las jornadas de huelga general y cortes de ruta y marchas de agosto de 2020 que derrotó el intento de candidatura a presidente de la dictadora Añez, aunque los dirigentes de la Asamblea Legislativa aceptaron una nueva postergación de la fecha de elecciones.

La dictadura sacó en los últimos días las tropas militares a las calles para amedrentar al pueblo, y a través del Supremo Tribunal Electoral, intentó preparar el terreno para justificar el fraude. Incluso suspendieron la difusión de la información oficial, y emisión de datos parciales, en un postrero e impotente intento por favorecer un fraude. Pero el triunfo del MAS fue apabullante y el candidato prodictadura Carlos Mesa no tuvo más remedio que salir a reconocer su derrota.

El resultado constituye también un golpe para la política del imperialismo norteamericano y “su agencia” la OEA, que instigó y apoyó desde un primer momento al gobierno de Añez, avalando e impulsando la represión contra el pueblo Boliviano, y para los gobiernos y políticos lacayos del imperialismo como como Bolsonaro, Piñera, Duke, Macri y otros. Esto es relevante porque los “informes”, como los de Luis Almagro entonces o los de Michelle Bachellet ahora en Venezuela, vergonzosamente avalado por el gobierno de Alberto Fernández en la ONU, son usados para justificar las políticas intervencionistas del imperialismo y sus agentes en América Latina.

Con la movilización de masas en Chile en ocasión del aniversario de la revuelta popular, la continuidad de la lucha popular en Colombia, el levantamiento en Costa Rica y el triunfo de la lucha de los trabajadores y el pueblo boliviano contra la dictadura se retoma el proceso de luchas del 2019. Para un pueblo y una clase trabajadora con una enorme tradición como el Boliviano, se abre un nuevo momento en el que estará planteado en primer lugar juzgar y castigar a los golpistas, a los autores de las masacres de Senkata y Sacaba, así como anular las medidas económicas que favorecieron a los intereses más poderosos del país, a las multinacionales y a todos los sectores vinculados al imperialismo.

Para esto, es necesario también comprender el carácter de la fuerza política ganadora, cuyo flamante presidente habla de “reconciliación y unidad nacional”, expresiones cuyos significados no son favorables a los intereses de la clase trabajadora ni de la nación, ya que, para poder satisfacer las demandas de las mayorías, será necesario anular las acciones e investigar las atrocidades del gobierno de la dictadura.

Si bien el fascista Camacho tuvo una votación muy por debajo de sus expectativas, su movimiento y los propios militares y las fuerzas paraestatales de los comités cívicos continuarán agazapados para contraatacar apenas haya condiciones. Es necesario comprender que a estos sectores hay que derrotarlos en las calles, único modo de que dejen de ser una amenaza para los derechos y las libertades democráticas de las masas trabajadoras.

Para los pueblos latinoamericanos y para la militancia socialista y antiimperialista, la derrota de la dictadura es un motivo de aliento, ya que empalma con grandes luchas y movilizaciones que vuelven a reactivarse en el continente. Es necesario que este triunfo sirva para fortalecer la lucha de todos los pueblos de América Latina contra el imperialismo y sus planes, contra el pago de las deudas ilegítimas como las que tomó la dictadora Añez, contra el saqueo de los recursos naturales, contra la destrucción medioambiental y contra todas las políticas que atentan contra los intereses de las mayorías trabajadoras.

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