El Cañero

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14 de febrero de 2019

EN EL DIA DE SAN VALENTIN...


Por Efraín Enrique Santana
No recuerdo la primera vez que la vi. Pero ella rondaba los trece años y yo los quince. Nuestro encuentro fue una jugada del destino. Un buen amigo tenía su novia que vivía exactamente frente a su casa. Junto a mi amigo empecé a frecuentar esa casa, me hice amigo de la familia y sin darme cuenta me vi formando parte de un grupo de jóvenes que habíamos convertido el lugar en su “casa club”.
Allí nos reuníamos todos los días de la semana, sábados y domingos incluidos. Con el tiempo mi amigo rompió su relación con su novia, pero eso no alteró en lo mas mínimos mis continuas visitas a la casa de su ahora ex-novia.
No se cuando me di cuenta que esa niña se estaba convirtiendo en una bella joven. Yo seguía tratándola como parte del grupo y no le prestaba especial atención. Era casi tres años menor que yo y la veía tan tierna. La encontraba hermosa pero hasta ahí. Nunca se me ocurrió que podíamos llegar a ser algo mas.
Recuerdo aquel día cuando inesperadamente una amiga de ambos, sin previo aviso dejó caer la bomba. Me dijo: “ella te quiere, está enamorada de ti”. Entre sorprendido y halagado, mientras me recuperaba de la sorpresa solo acerté a preguntarle: “¿estás segura de lo que dices?”. Su respuesta fue simple: “claro que estoy segura. Todos en el grupo lo sabemos. Pero ella nos pidió que le guardáramos el secreto”.
A partir de ese momento empecé a verla diferente. No lo podía creer. La mas bella de todas estaba enamorada de mí. No se como ni cuando exactamente empezamos a tomarnos de las manos. Lo que si recuerdo fue ese primer beso, recostados sobre una máquina de coser en casa de una vecina. Esa imagen no se ha diluido con los años. Sigue en mi como el primer día.
Fueron tiempos de felicidad plena. Nuestro romance era el romance del barrio. Todos compartían con nosotros los momentos felices y los no tan felices. Enojos y reconciliaciones eran motivos de conversación de jóvenes y mayores. Y así durante años disfrutamos los momentos y las emociones de esa primera relación.
Pero luego las cosas empezaron a cambiar. El inicio de mis estudios universitarios en la capital puso distancia (e interrogantes) entre nosotros y nuestros encuentros disminuyeron. Tengo que confesar que mi nueva vida en la capital trajo consigo nuevas amistades y nuevas emociones. A eso se le agregó mi salida del país a continuar estudios en Europa. En un momento y sin darme cuenta había terminado mi noviazgo. Sin decir palabras. Sin un adiós. Durante los siguientes cuatro años mientras residía en el extranjero no hubo contacto alguno. Mis prioridades, mis relaciones, mis metas habían cambiado radicalmente, hasta que...
Un verano vienen a visitarme a Madrid mi madre y mi hermana. Debo señalar que la relación de ella con mi familia continuó a pesar de nuestro distanciamiento, especialmente con mi hermana. Luego de los abrazos, risas, historias, me dice muy entusiasmada mi hermana: “Te traje un regalo” mientras me pasaba un pequeño álbum de fotografías. Lo tomo, lo abro y oh! sorpresa... ¡todas las fotos eran de ella!
En la playa, en el viejo San Juan donde ahora vivía, en la casa... cada foto que miraba era como un despertar a los sentimientos que creía habían muerto pero que en realidad permanecían dormidos en mi corazón. No me cansaba de ver las fotos, una a una... una y otra vez. Sentí que mi amor por ella volvía a renacer, que esa semilla de amor por ella había permanecido maliciosamente escondida dentro de mí y que estaba aprovechando la ocasión no tan solo para germinar sino para brotar y crecer. Para que todos la vieran.
No los voy a cansar extendiéndome demasiado. Al momento del regreso de mi madre y hermana para Santo Domingo fui a despedirlas al aeropuerto de Barajas. Tenían que hacer parada en San Juan, PR donde ella ahora estudiaba. Les dije: “Díganle que en diciembre voy para Puerto Rico a casarme con ella. Recuerdo a mi madre diciéndome: “¿Tu estas seguro? ¡No me vayas a hacer una de las tuyas!”. Cuando le respondí que estaba seguro mi madre se dio cuenta de que hablaba en serio.
A mediados de diciembre cuando llegue a San Juan allí estaba ella en el aeropuerto esperándome. No hubo explicaciones. No hubo reproches. No eran necesarios. Con un beso sellamos nuestro futuro junto. Tuvimos unas navidades maravillosas... y el seis de enero, día de los Santos Reyes nos casamos... y desde entonces hemos permanecimos juntos y así permaneceremos hasta el fin de nuestros días.

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