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8 de enero de 2019

El poder de las encuestas


Por: Lic. Eduardo Valcárcel Bodega - eduardo.valcarcel@newlink-group.com;
Las encuestas se han vuelto una herramienta de investigación común a todo lo largo de la Sociedad. Desde empresarios, organismos públicos, iglesias, ONG’s, medios de comunicación, hasta los políticos la han vuelto una vía rápida de recopilar datos a través de un grupo de preguntas estandarizadas, dirigidas a un segmento en particular que sea representativo de la población y cuidando los márgenes de error, con la finalidad de conocer opiniones, posicionamientos, percepciones o ideas sobre propuestas específicas.
Las encuestas se han vuelto una herramienta de investigación común a todo lo largo de la Sociedad. Desde empresarios, organismos públicos, iglesias, ONG’s, medios de comunicación, hasta los políticos la han vuelto una vía rápida de recopilar datos a través de un grupo de preguntas estandarizadas, dirigidas a un segmento en particular que sea representativo de la población y cuidando los márgenes de error, con la finalidad de conocer opiniones, posicionamientos, percepciones o ideas sobre propuestas específicas.
Para alcanzar estos resultados hoy tenemos a mano diversas técnicas que van desde las presenciales como las entrevistas o focus groups, las telefónicas vía operadores o sistemas automatizados para esos fines, hasta las que usan redes sociales o plataformas digitales. Todo depende del presupuesto disponible, el tiempo en que queremos los resultados, las muestras, el margen de error con que podemos operar y la vía más efectiva para captar la información que buscamos.
Hay corrientes que piensan que los resultados de las encuestas son “fotografías” de un momento en específico y que deben tomarse como referencias no como realidades escritas en piedra. Hay otras corrientes que entienden que las encuestas pueden influir en el comportamiento y decisión de los encuestados, y le brindan un gran espacio o poder a la hora de la toma de decisiones.
Siendo objetivos, las encuestas son herramientas para medir opiniones y percepciones, y los dominicanos nos hemos acostumbrado a ellas todo el año y sin descanso, gracias a las grandes marcas que siempre buscan retroalimentación de sus consumidores, de las empresas de servicio y de consumo, de organismos públicos, y en años electorales a la guerra de encuestas políticas.
Lo bueno de contar con sistemas de encuestas – políticas o no - es que toda decisión se podrá tomar de forma más informada, con mayor control de riesgos, con conocimiento de lo que nuestras audiencias piensan, siendo más precisos en los mensajes, trabajando las percepciones negativas o buscando modificar comportamientos, comprobando si los ajustes que hemos aplicado van surtiendo efecto, entre otras ventajas.
Lo malo es que como humanos, en ocasiones cuesta trabajo aceptar los resultados, más si son negativos o en el lado adverso nos hacen creer una realidad muy positiva que este lejos de la realidad. De igual forma, pueden existir errores muestréales, se puede generar confusión por diseño o presiones, se puede caer en la difamación o se puede desatar “una guerra” que lleve a escenarios más complejos.
La realidad es que muy pronto empezaremos a ser bombardeados por un sinnúmero de encuestas políticas, redobladas en 2019. Unas publicadas por algunos medios de comunicación, otras de los mismos partidos o los candidatos, y otras de firmas reconocidas que usan las plataformas multimedios para darlas a conocer y discutirlas con sus seguidores. Todas ellas tratan de mostrar quien lleva o no la ventaja, las preferencias del electorado, las valoraciones de los funcionarios actuales o los mayores retos que enfrentan los candidatos, y como los resultados son variables vemos las reacciones a favor y en contra de aquellos que compiten por estas posiciones, sumado a opiniones muchas veces subjetivas que procuran mermar credibilidad o resaltar aún más dichos resultados.
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