El Cañero

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31 de marzo de 2014

EL POSIBLE CONSENSO

Por: José Dunker L.

Si llego a mi casa y la encuentro inundada de agua, ¿cuál sería la primera medida que debo tomar?

Obviamente, buscar la fuente de donde mana el agua, cerrarla, y luego comenzar a botar el agua sobrante. Con el tema de ‘la invasión de haitianos’, ¿no se podría hacer lo mismo, es decir, buscar de donde es que mana el agua? Estimo que ese es el primer consenso que se debe buscar.

Debemos unirnos para obligar que se regularice la frontera con Haití. Me preocupa que el ministro de defensa afirme no recibir ninguna presión “por trabajo que realizan en la frontera para impedir que entren al país haitianos indocumentados”, ¡como si la presión viniera de afuera! Esos haitianos vienen porque hay un negocio en la frontera, y cualquier extranjero entra al país por menos de RD$20,000.00. ¿No podríamos unirnos contra ese negocio de indocumentados, y permitir que ingresen debidamente visados, solo los que nos convenga, como se hace en todos los países organizados?

Debemos unirnos para exigir que se cumpla la ley que fija en 20% el máximo de operarios extranjeros. Se ha denunciado que el mismo gobierno viola esta ley, y lo mismo hacen empresarios en busca de mano de obra barata. ¿No podríamos unirnos para exigir que el gobierno y la empresa privada cumpla la ley y restrinja el empleo excesivo de extranjeros?

Debemos unirnos para exigir que el gobierno no siga trayendo braceros haitianos desprovistos de visa y pasaporte. Lo hemos estado haciendo desde la era de Trujillo. Esta práctica debe violar más de cinco leyes: emigrantes sin pasaporte, sin visa, traídos como si fuera ganado para un corral, bajo contratos abusivos, y sin ninguna seguridad social. ¿Por qué no nos unimos para pedir a nuestros gobiernos que suspendan esa práctica ilegal?

Debemos unirnos para que se regularice la situación de medio millón de haitianos indocumentados que residen en el país, algunos de ellos con hasta cincuenta años sin volver a su país. Hay que hacer lo que se hace en cualquier país civilizado: expulsar a los que no nos convengan, y dar visa a los que nos resulten convenientes. Hay que tomar en cuenta que la empresa de la construcción, la agricultura, y otros renglones importantes de nuestra economía les necesitan. Entonces, es muy sencillo, ¿no podríamos unirnos para pedir que sean regularizados?

Deberíamos unirnos para regularizar el comercio en la frontera con Haití. No es posible que eso siga siendo un negocio de los militares, y que el gobierno no imponga su arbitrio, como se hace en cualquier país mínimamente organizado. Un acuerdo comercial, a beneficio de ambas partes es la salida. En el mundo entero las fronteras son difíciles, pero se resuelven mediante acuerdos, y eso podríamos hacer nosotros. ¿No podríamos unirnos para definir un acuerdo comercial con Haití en lugar del desorden que impera hoy?

En lo que no podemos unirnos es para despojar de su nacionalidad a personas que nacieron aquí, que se criaron aquí, que hablan español como nosotros, y que se sienten dominicanos. Se trata de un asunto de derechos humanos, y que ha dejado a 209,000 compatriotas en el limbo, sin poder estudiar, sin poder registrar sus hijos en la escuela, con riesgo de perder empleos o negocios, y en una comprensible crisis de identidad, pues, de repente la sentencia 168-13 les despoja de su nacionalidad. ¿No podríamos unirnos también para buscarle una salida a esta situación humana tan apremiante? ¿Qué se gana con excluir a esos compatriotas de la nacionalidad? ¿Por qué enfrentar el mundo entero con una actitud tan poco elegante?


Apoyemos a nuestro Presidente para que proponga ante el congreso una ley que reconozca la nacionalidad a todo el que haya nacido aquí antes del 2010 y que lo pueda demostrar, pero que al mismo tiempo se tomen las otras medidas, pues, como lo dijo Jesucristo, “esto es necesario hacer, sin dejar de hacer lo otro”.  

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