El Cañero

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7 de octubre de 2019

Emprender e Innovar, ¿para qué?


Luis Armando Muñoz Bryan
En nuestro país con frecuencia escuchamos palabras que de repente se ponen de moda, las usamos y muchas veces desconocemos su significado. 
Innovar y emprender, con frecuencia son palabras que usamos indistintamente como si fueran sinónimos, por supuesto, lo que más nos debería ocupar es saber, qué impactos tendrán en nuestras actividades productivas o personales sus significados.
Primero EMPRENDER, no es más que empezar a hacer una cosa determinada, sobre todo cuando se requiere un esfuerzo y sacrificio.   Mientras que INNOVAR no es más que modificar las cosas que hacemos mediante prácticas nuevas.
Vistas estas diferencias notamos que son palabras que se vienen a complementar en nuestras vidas o en nuestras actividades productivas. Pero lo más importante es, ¿que nos sucedería si no creamos ni innovamos? 
Bueno en estos tiempos tan cambiantes, agresivos, dinámicos, competitivos, desafiante, parece ser una necesidad perentoria reinventarse para prevalecer.
Muchos hablamos de nuestra zona de confort refiriéndose a aquellos que están subsistiendo con lo que producen.  Si eres empleado, piensas que con tu salario te alcanza para la salud, comer, vestir, pagar la casa y recreación.  Claro un fiel modelo de aquel que no aspira a nada diferente a menos de que la suerte le proporciones algo mejor.
En los comerciantes notamos su parsimonia y pasividad cuando con sus ventas le “alcanza” para pagar los compromisos financieros, reponer inventario de corto plazo, pero rara vez piensan en remodelación del local, en diversificar las ofertas de bienes y servicios en función de una demanda que haya identificado entre sus clientes.   
En nuestro país mucho se ha hablado de la cantidad de negocios que desaparecen, muchos de ellos habían estado funcionando por décadas, otros son como la canción, “Debut y Despedida” por su efímera duración, pero poco se ha escrito de las verdaderas razones de su desaparición.
Las iniciativas comerciales son como los seres humanos, nacen, crecen, se reproducen y si no lo hacen mueren.   Pues esto último pasa a las empresas sin no cubren ese ciclo natural de transformarse con los años para adaptarse a los nuevos tiempos que es adaptarse a los nuevos clientes
En economías como la dominicana en constante expansión y a veces en contracción debutan a diario nuevos consumidores que tienen nuevos gustos, nuevas preferencias, nuevas exigencias, sumándole a que cada vez son más irreverentes.  Entonces, ¿qué pueden hacer el comerciantes, pequeños, medianos o grandes?,   Bueno pues lo mismo que hacen las grandes empresas, van migrando con el gusto, innovando con los estilos y preferencias del consumidor en procura de no ser desplazados por otros en el mercado que compiten con nosotros muchas veces de forma despiadada. 
Se preguntarán, ¿y cómo aprendo?, ¿dónde aprendo?, ¿quién me enseña?, ¿cuánto me costaría aprender?, ¿estoy a tiempo?, otros usan el refranero, “Cotorra vieja no aprende a hablar”.    Pues les cuento que por todo el país se han estado celebrando talleres donde se procura llevar ese mensaje, esa orientación, libre de costo, solo por citar el Ministerio de Industria y Comercio y MIPYMES, Fundación Innovati, Enade, Magna Escuela de Negocios, solo por citar algunas.  
Entonces, porque no se animan a dar un paso adelante que será un paso en dirección a la transformación y al desarrollo de nuestras vidas y de nuestras actividades productivas.

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