El Cañero

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22 de septiembre de 2013

Está ahí, ante Nuestros Ojos

Por Guillermo Moreno
He leído el Fogaraté publicado por el  amigo y admirado Colombo titulada “Garzón para Idiotas”. 

Me motiva a escribir lo siguiente.  

Cuando Baltazar Garzón dice aquí en el país (para que se lea en el extranjero) que la querella  que interpusimos contra Leonel Fernández "es política", busca  hacer creer que carece de asidero jurídico y que no es más que un escarceo sin importancia.

Es decir, pretende desmeritar la querella, no rebatiendo su contenido, sino descalicando al querellante.   

A estas declaraciones del senor Garzón le siguen los aullidos de la jauría mediática que se encarga de repetir esta mentira, no solo para condicionar a la opinión pública sino para que sirva de respaldo a  decisiones de fiscales y jueces irresponsables en el cumplimiento de sus obligaciones.  

Es por eso que la aviesa afirmación del Señor Garzón no puede dejarse pasar por alto.  

La querella que interpusimos el pasado 24 de enero ante la Procuraduría Fiscal del DN, no es una querella “política”  sino “penal”, con clara indicación de las leyes penales y de los artículos de la Constitución violados.   

La querella no se hizo para "hacer política", sino para "perseguir graves actos de corrupción" ante el órgano competente de investigarlos y sancionarlos. Por eso está avalada en profusos medios de prueba que ponen en evidencia, entre otras,  las comisiones de un millón de pesos que recibía  Leonel Fernández de muchos contructores de obras de Estado; las pruebas de significativos aportes de las empresas de Félix Bautista a Leonel Fernández a través de la Funglode, dejando en claro su contubernio corrupto.   

Si nos querellamos contra Leonel Fernández  no fue "por  ser político", sino "por ser corrupto". En la querella se pone en evidencia cómo, mientras era presidente de la República, acumuló a través de Funglode, solo por esa vía, un patrimonio de más de RD$700.00 millones de pesos, que más allá de las apariencias, todos sabemos está bajo su control y disposición directos y que utiliza para su proyecto personal de poder.

La prueba está ahí, ante nuestros ojos, en la calle Capitán Eugenio de Marchena 26 de la ciudad de Santo Domingo.

Ese patrimonio que él hoy usufructúa tiene un solo dueño: el pueblo dominicano y  más temprano que tarde a él volverá.

De eso estén seguros.  

Santo Domingo, R.D.

Miércoles 18 de septiembre de 2013.-

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