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15 de octubre de 2014

Voces y ecos: La mano izquierda

RAFAEL PERALTA ROMERO 
rafaelperaltar@gmail.com

Rafael Peralta Romero
Hace tiempo que he oído y aceptado que la mano derecha lava la izquierda y que entre ambas lavan la cara. Es verdad, pero incompleta, pues la izquierda también asea a la otra. Me convenzo de la injusticia y mezquindad con que es tratada la mano izquierda, ahora que siento su ausencia, aunque temporal.

No se trata de que mi izquierda se haya sublevado como una provincia que se proclama independiente. Lo ocurrido es  comparable más bien a un territorio que ha quedado aislado por la caída de un puente o un desplome de tierra, lo cual hace  imposible el acceso. Entonces ese territorio es y no es del país.

Alguna gente hace ejercicios de escritura con la izquierda como prevención de un mal de estos tiempos. Debe ser difícil. Pero mi experiencia reciente me indica que no se trata de cómo escribir con la mano izquierda, sino de cómo hacerlo sin ella. ¿Cómo usar el teclado sin la izquierda? Con ayuda de otras manos.

Para el aseo personal, como para vestirse y desvestirse, la mano izquierda juega el mismo rol que la derecha. Para afeitarse, por ejemplo, la izquierda recorre la cara aplicando la crema y detrás pasa la derecha arrastrando la navaja. Luego corresponde a la izquierda  acariciar el rostro para detectar restos sobrevivientes.

Muchos creen que la izquierda sólo sirve para coger un objeto del que se sospecha intención maligna. Esta actitud podría obedecer a la prevención de preservar la derecha  evitándole el efecto del hechizo, pero tal vez  corresponda a la creencia de que tomarlo con la izquierda encierra un resguardo.
  
Quien tenga la mano izquierda cubierta por un yeso o un vendaje, aunque solo se haya lesionado el meñique, no podrá enjabonarse la axila derecha ni asir la toalla por los dos extremos para moverla sobre la espalda como hacen los limpiabotas con el paño de lustrar el calzado. A la hora de comer sabrá lo engorroso de hacerlo  con una sola mano.

El menosprecio de la  mano izquierda ha sido tal, que también ha venido a llamarse “siniestra”, sinónimo de desgracia, malas intenciones; mientras que “diestra”, aplicado a la derecha, significa hábil, experto en algo. “Hoy resulta que es lo mismo ser derecho que traidor, ignorante, sabio, chorro,…”, según dice el  viejo tango Cambalache.

A los que viven de aplaudir les recomiendo presentar un certificado médico si su izquierda  resultara lesionada, pues la diestra no puede hacer por sí sola este trabajo. Cuando falta la izquierda es que se entiende a conciencia su valor. Solo estando “en licencia” no sabrá la mano izquierda lo que haga  la derecha.

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