El Cañero

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30 de octubre de 2014

Del misal al digital

Por Lincoln López
Lincoln López
En el mundo occidental han transcurrido 525 (?) años desde que Johannes Gutenberg, en Alemania, editara el primer libro utilizando una imprenta: “El Misal de Constanza” (1449?) hasta que Michael Hart, en Illinois Estados Unidos de Norteamérica, en 1971, inventó el primer texto digitalizado: “Declaración de Independencia de los Estados Unidos”. Pero había que esperar un tiempo más hasta el advenimiento de la web y del primer navegador “para vislumbrar los alcances de aquel proyecto y para poder denominar el desarrollo del eBook como una de las revoluciones que el mundo digital trajo consigo”.
Esa nueva técnica presentada por Gutunberg reinventa el libro, y va dejando atrás los viejos manuscritos o códices copiados a mano por los monjes medievales en las hojas de papiro cosidas, y empieza con pocas ediciones, verbigracia, el segundo libro, la Biblia (Vulgata=para el pueblo) se hicieron alrededor de “180 copias, y cada Biblia tenía 1282 páginas”. Claro está con el paso del tiempo la imprenta se moderniza, adicionando nuevas tecnologías hasta la aparición del libro electrónico, al cual se tiene acceso vía Internet. Según el portal de las Estadísticas Mundiales ofrecidas por Internet World Stats el 40 por ciento de la población mundial pertenece como usuario a este servicio. Es decir, tomando en cuenta la población mundial por encima de siete mil millones de habitantes, los usuarios de Internet alcanzan a una cifra cercana a los tres mil millones de habitantes.
Cito algunas de las ventajas del libro digital vertidas en el estudio titulado: “El libro de texto digital (ACLH): promueve la lectura, produce menos impacto medioambiental, ocupan poco espacio y preservan lo escrito, son más rápidos y baratos de producir, facilitan los procesos de investigación, su capacidad de almacenamiento, se puede leer gratis toda la literatura clásica, puede atender a la diversidad de contenidos, la posibilidad de publicarlos en línea, estupenda herramienta para el estudio de idiomas, ha democratizado el acceso a una cantidad sin precedentes de información…
Y posee algunas desventajas: la lectura digital está dando origen a toda una generación de pensadores superficiales, en los libros electrónicos no se lee más que en los de papel, el desempeño de estudiantes es menor en los que usan plataformas digitales, en la digital se afectan ciertas zonas del cerebro, especialmente en la concentración, y, en consecuencia, el cerebro es incapaz para establecer las conexiones neuronales que se necesitan para una capacidad de análisis profundo…

Surge entonces, la interrogante: ¿Estará llegando la hora 0 para el libro impreso? Creo que no; pero si lo fuera, sería por el uso incorrecto por parte los actores del sistema educativo y cultural de un país, de un medio o herramienta actual sumamente importante, para elevar su calidad formativa. Veamos el caso España, a pesar de su crisis económica y otras dificultades, pero con altos niveles de acceso a Internet, ha aplicado políticas pedagógicas particulares y sociales adecuadas. Resultado: las librerías crecieron en más de un “14% y el nivel de lectura aumentó ya el 63%”, aunque por debajo del nivel de lectura media europea que es de un 70%.

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