El Cañero

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17 de febrero de 2014

MONSEÑOR ARNÁIZ, LA IGLESIA Y LOS TRABAJADORES

José Gómez Cerda

Con la desaparición física de Monseñor Francisco José Arnáiz, S, J, termina una generación de sacerdotes jesuitas que sin abandonar su vida religiosa se dedicaron a dar educación y orientación a los trabajadores del campo y la ciudad en la República Dominicana, entre ellos estaban Carlos Benavides, José Llorente, Fernando Arango, Francisco Guzmán, entre otros, a quienes luego se unión el Padre Alemán.

Un grupo de sacerdotes que fueron expulsados de Cuba, después del triunfo de la revolución de Fidel Castro, se radicaron en la República Dominicana, a principios de la década del 60, y encontraron en la Confederación Autónoma de Sindicatos Cristianos (CASC), y la Federación Dominicana de Ligas Agrarias (FEDELAC), dos organizaciones con bases en todo el país, y ellos se entregaron dar sus conocimientos ideológicos para la formación de trabajadores, sin tener ellos un protagonismo, sino dejando eso a los líderes sindicales cristianos.

Cuando dirigentes de la CASC nos encontramos con el grupo de jesuitas, entre ellos el Padre Arnaiz, en 1962, quién sirvió de enlace fue Emilio Máspero, en esa época Secretario Ejecutivo para el Caribe de la Confederación Latino Americana de Sindicalistas Cristianos (CLASC), que había estado el Día Internacional del Trabajo (1ro de mayo de 1959), en La Habana, Cuba, y tuvo el primer contacto con Arnáiz, ellos conservaron muy buena amistad y relaciones personales.
  
El padre Arnáiz, junto con José Llorente y Carlos Benavides se puso al servicio de la educación sindical, en cursos programados por la CASC, en el Instituto Nacional de Formación Agraria y Sindical (INFAS), muchos cursos se realizaban en la Casa Manresa, en el Klm 12, de  Haina. Arnaiz era para los temas de la Doctrina Social Cristiana, Benavides para principios filosóficos y Llorente para economía y cooperativismo.


El grupo de sacerdotes extranjeros y dominicanos que se dedicaron a lo social, y en especial al sindicalismo, encontraron en la CASC un grupo de jóvenes “veinteañeros” que tenían formación espiritual y material. Henry Molina, José Gómez Cerda y Porfirio Zarzuela se habían formado en la Juventud Obrera Católica (JOC), y la Acción Católica, Gabriel del Río acababa de salir del Seminario Santo Tomás de Aquino; Henry Molina y José Gómez Cerda venían del exilio contra Trujillo y se habían capacitado en sindicalismo,  en el exterior con líderes como Rafael Caldera, Luís Herrera Campis, Arístides Calvani, Emilio Máspero, Eduardo García y José de Jesús Plana, entre otros.

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