El Cañero

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6 de diciembre de 2021

El mar se tragó los sueños de cinco mujeres de Arenoso

 La fatalidad deja a 12 niños en la orfandad

Helenny Amparo

helenny.amparo@listindiario.com

Santo Domingo, LD.- Todos conocen sus nombres: Yahaira, Raisa, Yanet, Alba y Heidy. Son cinco mujeres que, con sus carismáticas personalidades, llenaban los rincones de El Aguacate, en Arenoso, provincia Duarte, un pueblo que sucumbe entre el polvo y el abandono, y cuyas cinco vidas, más no sus recuerdos, se perdieron en el mar.

Todas de un mismo lugar, en el que crecieron, y donde a su alrededor las casitas de madera y zinc comienzan a transformarse en estructuras de concreto.

Todas, excepto  las de estas cinco mujeres, que junto a sus pequeños sentían diariamente la brisa filtrada por entre la madera gastada, o las goteras de agua por los agujeros de los techos de sus hogares.

Ellas, al igual que otras 40 personas, aproximadamente, vieron donde otros ven peligro, la única oportunidad de mejorar su estilo de vida y el de sus familias que hoy cuidan de los 12 niños que entre todas dejaron en la orfandad.

Alba Gil Vásquez

“Yo le decía que no se fuera. Mira, piensa en tus hijas, ellas te necesitan. Ya ellas  son huérfanas de padre. Ay, no te vayas mi hija. Yo le decía”, recordó Yohani, quien de vecina pasó a convertirse en una madre para Alba Gil Vásquez, una de las nueve víctimas mortales del viaje ilegal que zozobró en la playa de Celedonio, en Miches.

“Muy risueña”, y “cercana a la gente mayor” de su comunidad, así describen los residentes a la madre de 31 años que perdió a su esposo en un accidente de tránsito y desde entonces se enfrentó a la vida “con uñas y dientes, para sacar a sus muchachas pa’ lante”.

“Para nosotros, era como una niña, por donde sea que pasaba se paraba a saludar a cualquier viejito, y uno tenía que salir a buscarla. Eso ya no se ve, a la gente joven no le gusta hablar con sus mayores, pero esa sí que no era así”, narró uno de sus tíos.

“Su tío de confianza”, como dijo él que ella le llamaba, contó que hay “una doña del campo” que cada vez lo ve sólo le pregunta: “¿Y Alba?, que tengo mucho que no la veo; ya no viene”, y él, sin responder, sigue su camino.

Alba era “muy conocida” en El Aguacate, no sólo por su personalidad, sino también por su entusiasmo de progresar que la llevó a poner un negocio de hacer trenzas tras perder su trabajo en medio de los primeros efectos de la pandemia del covid-19 en el país. 

“¡Uf!, ella se acostaba hasta a las dos de la mañana haciendo trenzas, y si le llegaban más tarde ella se las hacía; ella era muy rápida”, expresó Yohani, al tiempo que resaltó  “eso era un día, y los otros días ella pasaba mucho trabajo”.

Mejor hogar para sus hijas

Fue precisamente su destreza para estos peinados lo que le facilitó conseguir supuestos  trabajos en Puerto Rico, adonde se dirigía la embarcación que naufragó.

“Ella ya tenía tres trabajos allá, lo que se ganaba aquí haciendo 10 trenzas, se lo iba a ganar con una sola”, reveló una de sus tías.

A esta posibilidad se sumó, también, la recurrente queja de Alba de que su casa era la única “malita” y que sus hijas merecían un hogar mejor.

Tan pronto como la noticia de que su hija se iría llegó a oídos de su padre, Orlando, este se comunicó con ella para persuadirla.

“¿Qué es lo que tú quieres mi hija?, si yo puedo yo te lo doy, pero no te vayas. Y ella me dijo: ‘está bien papi, ya yo desistí, ella me dijo’ ”, indicó Orlando.

Lo último que se supo de Alba fueron las instrucciones que dio a sus vecinas más cercanas: “Cuídenmelas, cuando yo llegue yo las llamo y no le digan a papi”.

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