El Cañero

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31 de enero de 2014

Los cubrefaltas políticos

Rafael Peralta Romero
rafaelperaltar@gmail.com
Rafael Peralta Romero
Resulta  extraño que entre las  miles de palabras  que recoge el Diccionario  del Español Dominicano, de reciente publicación, no figure  “cubrefalta”,  muy empleada  en mecánica, electricidad, ebanisterá, plomería e incluso en  ingeniera. Sea un tapón, un tarugo, una planchuela de metal, una arandela o una pieza de goma,  el cubrefalta ha de  mejorar la imagen del objeto al que sirva.

El Diccionario de la Real Academia tampoco la registra, pues de los vocablos formados a partir del verbo cubrir más un sustantivo, sólo  ha dado entrada a cubrecama. Me parece un descuido notorio el que ha  ocurrido con cubrefalta, cuyo  valor semántico  alcanza  áreas –además de las citadas-  tan disímiles   y ajenas,  como la  sexualidad y  la política.

No es bueno que en la casa queden al descubierto los huecos dejados para futuros tomacorrientes,  por eso se les pone una tapa en blanco, que resulta un cubrefalta. Lo es también la chapa plástica o metálica que reviste el panel  donde se guardan  los cables telefónicos o de televisión  de un condominio.

Fregaderos,  inodoros y duchas  llevan unas piececitas que el usuario no advierte siempre, pero que el plomero no olvidará al momento de comprar   repuestos y materiales. Los muchachos que trabajan  en ferreterías las conocen a la perfección y las recomiendan a quien las olvida. Son los cubrefaltas.

El hombre  que suministra atención sexual a una mujer cuyo marido está ausente o  que se comporta irresponsablemente  respecto de  sus deberes conyugales, tiene que admitir que funge de cubrefalta. Quizá algunas mujeres también  sirven en ocasiones en este rol. Por eso  hablo de cubrefaltas en la sexualidad. 

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