El Cañero

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16 de agosto de 2021

Del 'Britannia' a 'Pacha III' o el yate de dos millones de Guillermo y Máxima de Holanda: estas son las embarcaciones más queridas por los 'royals' europeos

 Algunos han tenido que dejar de utilizarlos por la polémica que genera hacer ostentación de un lujo extremo, pero otros siguen disfrutando de ellos sin reparos.

POR Paula Peña – Vanity Fair


Tener un yate siempre ha sido símbolo de distinción, lujo y fortuna. Los supermillonarios como Aristóteles Onassis o Stavros Niarchos los popularizaron hace décadas; y después les imitaron otros como Donald Trump o las familias reales de diferentes países árabes, que desde los 70 encabezan las listas de los yates más ostentosos. Sin embargo, los miembros de las familias reales europeas nunca han sido ajenos al mundo de las embarcaciones y desde antaño han surcado los mares en sus propios navíos. Hacemos un resumen de los más famosos y recientes.

Un Wajer 55 para Máxima y Guillermo

Los últimos en adquirir un yate de lujo han sido los reyes de Holanda. Máxima y Guillermo se hicieron con uno el verano pasado por el módico precio de dos millones de euros, para recorrer los mares de Grecia, donde tienen una propiedad. Sin embargo, su primer viaje no les salió bien y tuvieron que volver: se filtró su salida en plena pandemia, polémica mediante. Además de los dos millones de euros, el barco le ha costado a la familia real holandesa una pérdida considerable de popularidad en el país, de la que no se han recuperado.

El modelo de barco es un Wajer 55 con 16 metros de eslora, y se considera el superyate más pequeño del mundo. Con él surcan el Egeo y lo amarran en su propiedad de Doroufi, Kranini, que tienen desde 2012 y que ocupa más de 4.000 m2. Este verano, ya se han resarcido de esa experiencia agridulce a bordo de ‘Alma’ –así lo llaman por Alexander y Máxima–, sin parecer preocupados por las críticas. Ya pidieron perdón el año pasado por comprarlo, por salir del país cuando las recomendaciones sanitarias dictaban lo contrario, y por posar sin mascarilla con el chef de un restaurante.

Viejas glorias retiradas para los eméritos de España

En la cara opuesta de la moneda están los reyes de España, que antaño se encontraron en la misma situación que los holandeses. El emérito don Juan Carlos disfrutó por última vez en 2012 de su cuarto yate Fortuna, denominación por la que se conocen los barcos que la familia real española. El primero fue de clase Dragón –un tipo de embarcación de vela– y lo utilizó para participar en los Juegos Olímpicos de Múnich en 1972. Lo renovó por última vez en 2000 con el mismo nombre. Con 41 metros de eslora, el disfrute del último Fortuna iba acompañado de polémica por el alto coste que suponía utilizarlo: 25.000€ rellenar su depósito entero.

El yate fue un regalo de varias empresas baleares era para uso y disfrute de la familia real; pero pertenecía a Patrimonio Nacional, la institución pública que gestiona inmuebles de alto valor, como los palacios de la misma familia. Su construcción costó unos 18 millones de euros, pero fue vendido a Valeria en 2014, bajo el nombre de Foners y por menos del 10%: 2,2 millones. El interés de la empresa naviera no era histórico, sino técnico. Eran atractivas las cinco turbinas Rolls Royce de la embarcación. Alimentadas por gas-oil, Baleària pretendía modernizarlas convirtiéndolas a gas licuado y aprovechar su potencia de una forma menos contaminante, eso sí, en otras embarcaciones. El destino del Fortuna sería la reventa o el alquiler, pero con otras turbinas menos potentes y más económicas.

'Britannia', otro yate jubilado

A la reina de Inglaterra le sucedió algo parecido. Isabel II tuvo que dejar de utilizar el yate Britannia en 1997 por el elevado coste que suponía mantenerlo y nunca lo ha reemplazado. La embarcación era tan querida por la monarca que, cuando la retiró, dejó escapar uno de los pocos llantos que le hemos visto en público. El HMS Britannia fue puesto en marcha en 1953 y lo utilizó en grandes ocasiones, viajes internacionales oficiales, además de prestarlo a sus familiares. El príncipe Andrés de York y Sarah Ferguson lo utilizaron en su luna de miel, así como el príncipe Carlos y Diana de Gales. Desde su retirada, se encuentra amarrado en un puerto de Edimburgo como atracción turística; aunque en 2011 lo cerraron para celebrar la fiesta previa a la boda real de Mike Tindall y Zara Phillips.

Que el Britannia no estuviera disponible tras la del príncipe Guillermo y Kate Middleton, celebrada en 2011, no impidió que la pareja de recién casados se subiera a un yate en su luna de miel y en diferentes vacaciones posteriores. Prueba de ello son las polémicas imágenes que la prensa británica publicó –y después tuvo que retirar– de la duquesa de Cambridge haciendo topless. Sus viajes demostraban que la familia seguía disfrutando de los barcos, aunque hace años que no vemos imágenes de los miembros de la corona en uno. A excepción del marido de Eugenia de York, Jack Brooksbank, y su último y polémico viaje a Capri: en un barco con modelos.

Aunque todos lo utilizaron y disfrutaron, quizás el miembro que más uso hizo de él fuera el duque de Edimburgo, como Gran Almirante de la Marina Británica que fue. Según el tabloide británico The Telegraph, Isabel II podría estar pensando en construir otro en homenaje a su difunto marido. Su amigo Sir Donald Gosling ya le dejó una herencia de 59 millones de euros para construirlo, cuando falleció en 2019. La nueva embarcación se llamaría HMS Prince Phillip y el mismo príncipe estuvo involucrado en su diseño. Solo hay un inconveniente: los rumores ya han generado controversia porque se cree que la construcción podría superar los 200 millones de euros. Solo la reina decidirá si el gran tributo llega a buen puerto.

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