Ayelén Oliva BBC News Mundo
Lionel Messi parece eterno. No lo es.
A sus 39 años, la inminencia de su despedida de la
selección argentina le agrega a este Mundial una dosis de vértigo.
Aunque llegó para empujar los límites del deporte, cada
partido parece más difícil pensar que podrá mover la línea de lo humanamente
posible todavía un poco más.
En definitiva, los futbolistas actuales son atletas
optimizados por el conocimiento científico.
Él, en cambio, que tantas veces ha transformado su juego
para adaptarse a las distintas etapas de su carrera, es hoy "el veterano
que apenas corre pero que sigue viéndolo todo antes que nadie", dice un
colega de BBC Sport.
Por ahora, esto ha sido suficiente para liderar al equipo
nada menos que hasta cuartos de final, el único latinoamericano que lo ha
conseguido en este Mundial.
Pero, así como hace cuatro años la mayor parte del mundo
lo sintió merecedor de una victoria que se resistía a llegar, ahora parece ser
al revés.
Incluso hay quienes creen que Messi y Argentina están
recibiendo un trato favorable en este Mundial.
En Argentina, un país donde el fútbol es identidad, el
consenso sigue intacto. Messi por sí solo ha logrado desmontar la imagen de un
país reducido a nuestros peores defectos.
Por eso, este sábado, miren su potencia, la fuerza con la
que despega la pelota del suelo, su capacidad para leer y dirigir el juego. Y
disfrútenlo.
Messi es argentino. Pero también le pertenece al mundo
entero.

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