Por elCaribe
Con cada aniversario del fallecimiento de Juan Pablo
Duarte se resalta que murió lejos de la tierra que amó y en la pobreza.
Cierto, distante y enfermo debido a maquinaciones de
gente ambiciosa y sin escrúpulos, pero nunca en el olvido porque precisamente hoy
que se cumplen 150 años de su partida física, sus ideales conservan actualidad
y vigor ya que aún quedan verdaderos dominicanos que consideran la Patria algo
sagrado y así lo han demostrado en coyunturas históricas.
Mientras Duarte todavía es grande, ¿dónde están los que
han dado la espalda y hasta ofertado nuestro suelo patrio a potencias
extranjeras?
En el zafacón de la historia. Es que, bajo ninguna
circunstancia, por desesperada que sea su causa, se debe pedir un mal para la
tierra que nos vio nacer.

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