Por elCaribe
Las redes sociales bien empleadas y si rindieran honor a
lo que por definición fue su origen (socializar), pudieran ser una mejor
herramienta para una opinión pública vigilante y participativa, pero lo que más
espacio gana es su rol pernicioso, principalmente cuando se utilizan para
chantaje, abuso y para lo que es más habitual: la difusión de hechos sin
atender su procedencia.
No se discute su irresistible omnipresencia, al punto que
contagian y embriagan hasta a gente de la alta sociedad, a intelectuales de fuste y también a
personajes influyentes, que hacen más daño que cualquier fake new procedente de
fabulador o influencer de esos que abundan como verdolagas.
El daño es mayor cuando la superficialidad publicada en
redes proviene desde la posición de confianza ciudadana que inspiran algunas
personas.

No hay comentarios:
Publicar un comentario