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8 de julio de 2026

Farida Khelfa, una diva pro-Pedro Sánchez: "Sí. Por fin tenemos a alguien que se enfrenta a la brutalidad de los bárbaros”

 El primer icono de moda árabe posa con la alta joyería de Cartier y repasa una vida llena de luces, las de la escena club de los años 80 y los desfiles de Gaultier y Alaïa, y de sombras, una infancia de abusos y desarraigo. Redescubrimos a una leyenda.

Por Paloma Simón                     Vanity Fair

Vestido, guantes y maxigafas con pedrería de Balenciaga y pendientes y collar Tillan, en oro blanco, rubelitas y diamantes, de Cartier Alta Joyería. fotografía ROCÍO RAMOS

REALIZACIÓN JOANA DE LA FUENTE

"La primera vez que probé la heroína fue en los baños del Palace. […] Camarfasse, el camello del Tout Paris, me ofreció mi primera raya. Esnifé del tirón un polvo marrón que me revolvió las fosas nasales. […] Nunca había sentido nada igual, mi cuerpo libre de dolor. Amaba a todo el mundo, todo el mundo me amaba a mí. […] Encontré la poción mágica”.

En 2024 Farida Khelfa (Lyon, 1960) lanzó su autobiografía Une enfance française. Publicada por Albin Michel, la editorial francesa de Martin Amis o Amélie Nothomb, fue uno de los acontecimientos literarios de la temporada. Tan impactante como bien escrito, el libro revela una infancia de malos tratos, incesto y abusos sexuales en el seno de una familia numerosa de origen argelino. Una juventud marcada por la adicción a las drogas, que superó gracias al psicoanálisis y a la maternidad. Al amor. La mujer que quemó la pista de baile del Palace y de Les Bains Douches, la musa de Gaultier, Alaïa y Mugler que terminó casándose con el magnate Henri Seydoux —padre de la actriz Léa Seydoux— ante sus amigos Nicolas Sarkozy y Carla Bruni, escondía una historia que poco tiene que ver con el glamour de las pasarelas parisinas, donde Khelfa reinó en los años 80 como la “única magrebí de la banlieue, lo que me dio enseguida una notoriedad que no tardó en traspasar fronteras”, relata. “Incluso gané un premio literario. Escribir supuso una grata sorpresa para mí. Et Voilà”, me dice hoy con modestia en un descanso de la sesión de fotos en un estudio de París.

Ante la cámara, la también documentalista deja claro enseguida por qué su pigmalión Jean Paul Goude, se empeñó en convertirla en el primer icono de moda de origen árabe. “Para mí, encarnaba el arquetipo de su elegancia, con esa dignidad y sofisticación superiores incluso a las de la mujer europea”, declaró en su día el autor de las instantáneas más icónicas de la que fuera su pareja durante siete años. Entre ellas, la que ilustra la portada de su libro.

Abrigo y body con encaje de Dolce amp Gabbana y pendientes Nitelia en oro blanco y diamantes de Cartier Alta Joyería.

Abrigo y body con encaje de Dolce & Gabbana y pendientes Nitelia, en oro blanco y diamantes, de Cartier Alta Joyería. fotografÍa ROCÍO RAMOS

REALIZACIÓN JOANA DE LA FUENTE

Personaje fundamental de la escena social y cultural europea del último medio siglo, Farida Khelfa responde a las preguntas incómodas con franqueza y una risa contagiosa, y acaba todas las frases con un voilà que le da a todo un aire de ligereza. No es una mujer solemne ni sombría. Creció pensando que recibir palizas y humillaciones era lo más normal del mundo. Que, en árabe, bastardo significa hijo. Así se refería su madre a ella y a sus hermanos; jamás les dijo “Te quiero”. “Puede que tu llegada a este mundo haya sido difícil, pero después tienes que cambiar de rumbo. Decir: ‘No. Viví todo eso, pero se acabó. Voy a empezar de cero. A trazar mi propio camino. Las cosas malas que me sucedan serán mi responsabilidad, no de los demás. Si lo que me pasa es por mi culpa, puedo cambiarlo. De lo contrario, no”, detalla sobre la filosofía de vida que la ha ayudado a imponerse a su destino.

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