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4 de julio de 2026

¿Por qué el aliado más fiel de Ucrania empieza a cansarse de Kiev?

 Publicado:      Actualidad RT

Estos países son aliados por necesidad más que por afinidad. Detrás del respaldo a Kiev persisten profundas diferencias históricas y políticas que, según una analista rusa, vuelven a aflorar.

¿Por qué el aliado más fiel de Ucrania empieza a cansarse de Kiev? Beata
 Zawrzel / NurPhoto / Gettyimages.ru

Ha ocurrido algo inusual en Polonia. En un país que durante los últimos años se ha presentado como uno de los aliados más comprometidos de Ucrania, comienza a abrirse paso un tono muy diferente.

El detonante inmediato fue la más reciente disputa en torno a los reconocimientos oficiales y la memoria histórica. El presidente polaco, Karol Nawrocki, revocó a Vladímir Zelenski la Orden del Águila Blanca debido a la glorificación de colaboradores del nazismo. En respuesta, los expresidentes ucranianos, Leonid Kuchma, Víktor Yúshchenko y Piotr Poroshenko, junto con otras figuras públicas ucranianas, devolvieron las condecoraciones polacas que habían recibido.

A primera vista, podría parecer otro episodio simbólico dentro de la interminable guerra de medallas, condecoraciones y agravios históricos que caracteriza a Europa del Este. En realidad, apunta a un fenómeno mucho más profundo: Polonia comienza a cansarse de Ucrania.

Para Kiev sería más fácil restar importancia a este cambio si procediera únicamente del campo conservador, ya que Nawrocki pertenece al entorno del partido Ley y Justicia (PiS), identificado con el conservadurismo nacional y el electorado más cercano a la Iglesia católica. Mientras tanto, el primer ministro Donald Tusk ha tratado de mantener una postura favorable a Ucrania, advirtiendo que Polonia ha invertido demasiado dinero y capital político como para iniciar ahora un enfrentamiento con Kiev.

Sin embargo, el debate ya ha dejado de limitarse a la lucha entre partidos. La opinión pública polaca ha empezado a cambiar. Lo que antes se comentaba en privado, ahora se expresa abiertamente: para muchos polacos, Ucrania ya no es un aliado por convicción, sino una carga impuesta por Washington y Bruselas.

En Polonia, las constantes advertencias sobre una supuesta invasión rusa suelen interpretarse no como una evaluación real del peligro, sino como un argumento para justificar el rearme y las compras de armamento estadounidense.

El partido Ley y Justicia contribuyó a iniciar esa carrera con la adquisición de baterías Patriot, las frecuentes visitas de responsables estadounidenses, la introducción de formación militar universal en las escuelas y un discurso permanente sobre la amenaza procedente del este. Sin embargo, la sociedad terminó cansándose de esa narrativa y el partido perdió el poder cuando Donald Tusk regresó al Gobierno mediante una coalición. Los conservadores entendieron el mensaje y comenzaron a adaptar su discurso. Si ayer hablaban de Kamala Harris y de contratos para sistemas de defensa aérea, hoy centran sus críticas en el hecho de que la Ucrania de Zelenski rinde homenaje a colaboradores del nazismo.

También existe un componente incómodo relacionado con las inversiones militares. Polonia ha destinado miles de millones de dólares a la compra de armamento estadounidense, incluidos los sistemas Patriot dentro del programa Vístula. Las primeras entregas están previstas para 2027, pero la guerra ya ha puesto de manifiesto las limitaciones de este tipo de sistemas frente a los modernos misiles y drones rusos, una circunstancia políticamente incómoda para Varsovia. Sin embargo, el trasfondo de la cuestión va mucho más allá del dinero.

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