En el 78 aniversario de su fallecimiento
Este 11 de mayo se cumplen 78 años del fallecimiento de Pedro Henríquez Ureña (1884-1946), uno de los intelectuales más brillantes y universales que ha producido República Dominicana.
Mientras
viajaba en tren desde Buenos Aires hacia La Plata, donde impartiría clases en
la Universidad Nacional de La Plata, Henríquez Ureña sufrió un paro cardíaco
que le quitó la vida a los 61 años. Su muerte repentina conmocionó al mundo
cultural hispanoamericano, que perdía a uno de sus más finos pensadores.
Un
dominicano universal
Nacido
en Santo Domingo el 29 de junio de 1884, hijo del ilustre Francisco Henríquez y
Carvajal y Salomé Ureña, Pedro creció en un ambiente de alta cultura y
compromiso patrio. Desde muy joven demostró una inteligencia excepcional y una
sed insaciable de conocimiento.
Vivió
y enseñó en varios países: Estados Unidos, Cuba, México y finalmente Argentina,
donde residió desde 1924 hasta su muerte. En cada lugar dejó huella profunda
como profesor, investigador y conferencista. Fue maestro de varias generaciones
de intelectuales latinoamericanos y colaborador cercano de figuras como Alfonso
Reyes, Amado Alonso y José Vasconcelos.
Su
legado intelectual
Henríquez
Ureña es considerado uno de los máximos representantes del humanismo en América
Latina. Entre sus obras más importantes destacan:
- ·
La utopía de América
- ·
Ensayos críticos
- ·
Historia de la cultura en la América Hispánica
- ·
Sus estudios sobre el español en América y la versificación irregular
Su
pensamiento combinaba rigor filológico, sensibilidad estética y una profunda
convicción americanista. Defendió siempre la idea de una América Latina culta,
consciente de su propia identidad y capaz de dialogar de igual a igual con el
mundo.
“La
cultura —decía— es la única forma de redención que conocemos los hombres”.
Vigencia
de su pensamiento
A 78
años de su partida, las ideas de Henríquez Ureña siguen vigentes. En un
continente que aún lucha por consolidar sus instituciones educativas y
culturales, su defensa de la excelencia académica, el rigor intelectual y la
unidad cultural latinoamericana resuenan con particular fuerza.
En
República Dominicana, su memoria se mantiene viva a través de la Biblioteca
Nacional Pedro Henríquez Ureña, la Academia Dominicana de la Lengua y diversas
instituciones educativas que llevan su nombre.
Hoy,
cuando celebramos el Día del Humanista Dominicano en su memoria, rendimos
homenaje no solo al hombre de letras, sino al dominicano que llevó el nombre de
su patria con dignidad por los principales centros culturales del mundo.
Pedro
Henríquez Ureña no murió el 11 de mayo de 1946. Siguió viviendo —y sigue
viviendo— en cada estudiante que descubre la belleza del idioma, en cada
investigador que indaga nuestra historia cultural y en cada dominicano que
entiende que la verdadera grandeza de una nación se mide por la estatura de sus
espíritus.
Qué
su ejemplo continúe inspirando a las nuevas generaciones.
.webp)
No hay comentarios:
Publicar un comentario