Miami.- Para millones de adultos mayores en Estados
Unidos, las llaves del auto son mucho más que un objeto metálico; son el
símbolo máximo de su libertad, autonomía y conexión con el mundo. Sin embargo,
lo que para unos es un derecho a la independencia, para otros se está
convirtiendo en una preocupación de seguridad pública que ya no puede
ignorarse.
El debate sobre si debiesen existir pruebas de manejo
obligatorias para conductores mayores de 75 años ha cobrado una fuerza sin
precedentes. Estados como Michigan ya impulsan propuestas para implementar
evaluaciones de conducción más rigurosas, motivadas por un aumento en incidentes
vinculados a reflejos lentos, confusión cognitiva o problemas de visión.
En este escenario, la conversación ha dejado de ser
meramente familiar para convertirse en un terreno legal espinoso. La abogada de
accidentes, Jany Martínez-Ward, destaca que la percepción de estos eventos está
cambiando drásticamente en las cortes y en la opinión pública.
“Históricamente, los choques que involucraban a personas
de la tercera edad se catalogaban como infortunios propios de la edad. Hoy, esa
visión está bajo la lupa. Antes, muchos incidentes se veían simplemente como
‘accidentes’. Hoy, la pregunta es distinta: ¿esto se pudo haber evitado?”,
señala la fundadora de The Ward Law Group.
Las estadísticas muestran una realidad preocupante. Si
bien el número de accidentes no es el único factor, la gravedad de estos sí lo
es. Según Martínez-Ward, cuando estos conductores se ven involucrados en
colisiones, las consecuencias suelen ser devastadoras.
“Lo que realmente preocupa es que, cuando ocurren, suelen
resultar en lesiones mucho más graves. Las víctimas pueden enfrentar
hospitalizaciones y tratamientos prolongados”, explica.
Los patrones de estos incidentes suelen ser
recurrentes y alarmantes:
-Confundir el pedal del freno con el acelerador.
-Conducir en sentido contrario por autopistas o calles
principales.
-Falta de reacción ante señales de tránsito claras.
-Episodios de desorientación espacial.
Uno de los puntos más controvertidos del debate es la
responsabilidad de los familiares. ¿Puede una familia ser demandada si sabía
que su ser querido no era apto para conducir? La respuesta no es sencilla, pero
la posibilidad existe.
“Podrían ser considerados responsables dependiendo de
varios factores, especialmente de quién es el vehículo y quién tenía control
sobre su uso”, comenta Martínez-Ward. Esto pone a las familias en una posición
difícil: balancear el respeto a la autonomía del adulto mayor con la protección
de la seguridad ajena y su propio patrimonio legal.
La ley estadounidense es clara en proteger a los
ciudadanos contra la discriminación por edad. No obstante, el enfoque actual no
busca prohibir el manejo por el simple hecho de cumplir años, sino evaluar la
capacidad real del individuo.

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