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14 de mayo de 2026

El marketing de la testosterona

 Por        Florencia Cunzolo      Clarín | Buena Vida

¿Cansancio? ¿Estrés? ¿Disminución del deseo sexual? ¿Más grasa y menos masa muscular? Si sos varón, en redes seguro encuentres soluciones rápidas a esos síntomas, pero hay que tener cuidado. Te cuento.

La respuesta que muchos varones encuentran cada vez con mayor frecuencia al consultar por esos síntomas (para nada específicos y muy comunes) es que probablemente se deba a niveles bajos de testosterona, que pueden recuperarse fácilmente a través de chips o pellets implantables.

La respuesta, no obstante, no suele provenir de profesionales de la salud, sino de health coaches, influencers de todo tipo y fornidos entrenadores físicos.

En redes sociales, la testosterona se vende casi como una fórmula mágica: más deseo sexual, más músculo, más energía, más confianza, más rendimiento. Una especie de atajo hacia una versión “mejorada” de la masculinidad.

Pero detrás de ese marketing hay varios problemas. El primero es que muchos de los síntomas que suelen atribuirse a la “testosterona baja” (como cansancio, falta de motivación, aumento de peso o disminución del deseo sexual) son inespecíficos y pueden responder a múltiples causas: estrés, depresión, malos hábitos de sueño, sedentarismo, obesidad o simplemente el ritmo de vida actual.

El segundo problema es que crece un mercado de productos no regulados, promocionados como antiaging, fitness o potenciadores sexuales, que se ofrecen incluso a varones sin déficit hormonal comprobado.

Y ahí aparece una paradoja bastante llamativa: mientras muchos de los que viven con hipogonadismo real (es decir, con un déficit verdadero de testosterona que sí podría beneficiarse de tratamiento médico) no consultan por vergüenza o desinformación, avanzan tratamientos sin indicación clara en quienes no los necesitan.

Vender masculinidad

Un estudio publicado este año en la revista Social Science & Medicine analizó publicaciones virales de Instagram y TikTok que promocionaban testeos de testosterona y productos para aumentarla.

¿El resultado? La mayoría asociaba niveles “óptimos” de testosterona con ideales estereotipados de masculinidad: fuerza física, potencia sexual, rendimiento, dominancia y éxito. La baja testosterona, en cambio, aparecía presentada casi como una amenaza a la identidad del "macho".

Los investigadores advirtieron que estos mensajes explotan inseguridades masculinas para vender productos sin respaldo científico sólido y contribuyen a medicalizar experiencias comunes del envejecimiento o de la vida cotidiana.

Y el fenómeno ya no apunta solo a hombres mayores. El nuevo marketing busca instalar la inquietud en varones jóvenes, especialmente entre los 20 y 40 años, preocupados por su físico.

Una hormona con muchas funciones

La testosterona es mucho más que la hormona asociada al deseo sexual o al rendimiento físico. Se trata del principal andrógeno masculino y cumple un papel central a lo largo de toda la vida. Participa en el desarrollo sexual, en la producción de espermatozoides, en la libido, en la masa muscular y ósea, y también influye en el metabolismo y la distribución de la grasa corporal.

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