Por Florencia Cunzolo Clarín | Buena Vida
La respuesta que muchos varones encuentran cada vez con
mayor frecuencia al consultar por esos síntomas (para nada específicos y muy
comunes) es que probablemente se deba a niveles bajos de testosterona, que
pueden recuperarse fácilmente a través de chips o pellets implantables.
La respuesta, no obstante, no suele provenir de
profesionales de la salud, sino de health coaches, influencers de todo tipo y
fornidos entrenadores físicos.
En redes sociales, la testosterona se vende casi como una
fórmula mágica: más deseo sexual, más músculo, más energía, más confianza, más
rendimiento. Una especie de atajo hacia una versión “mejorada” de la
masculinidad.
Pero detrás de ese marketing hay varios problemas. El
primero es que muchos de los síntomas que suelen atribuirse a la “testosterona
baja” (como cansancio, falta de motivación, aumento de peso o disminución del
deseo sexual) son inespecíficos y pueden responder a múltiples causas: estrés,
depresión, malos hábitos de sueño, sedentarismo, obesidad o simplemente el
ritmo de vida actual.
El segundo problema es que crece un mercado de productos
no regulados, promocionados como antiaging, fitness o potenciadores sexuales,
que se ofrecen incluso a varones sin déficit hormonal comprobado.
Y ahí aparece una paradoja bastante llamativa: mientras
muchos de los que viven con hipogonadismo real (es decir, con un déficit
verdadero de testosterona que sí podría beneficiarse de tratamiento médico) no
consultan por vergüenza o desinformación, avanzan tratamientos sin indicación
clara en quienes no los necesitan.
Vender masculinidad
Un estudio publicado este año en la revista Social
Science & Medicine analizó publicaciones virales de Instagram y TikTok que
promocionaban testeos de testosterona y productos para aumentarla.
¿El resultado? La mayoría asociaba niveles “óptimos” de
testosterona con ideales estereotipados de masculinidad: fuerza física,
potencia sexual, rendimiento, dominancia y éxito. La baja testosterona, en
cambio, aparecía presentada casi como una amenaza a la identidad del
"macho".
Los investigadores advirtieron que estos mensajes
explotan inseguridades masculinas para vender productos sin respaldo científico
sólido y contribuyen a medicalizar experiencias comunes del envejecimiento o de
la vida cotidiana.
Y el fenómeno ya no apunta solo a hombres mayores. El
nuevo marketing busca instalar la inquietud en varones jóvenes, especialmente
entre los 20 y 40 años, preocupados por su físico.
Una hormona con muchas funciones
La testosterona es mucho más que la hormona asociada al
deseo sexual o al rendimiento físico. Se trata del principal andrógeno
masculino y cumple un papel central a lo largo de toda la vida. Participa en el
desarrollo sexual, en la producción de espermatozoides, en la libido, en la
masa muscular y ósea, y también influye en el metabolismo y la distribución de
la grasa corporal.

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