Por Florencia Cunzolo Clarín | Buena Vida
Las medidas para prevenirla son conocidas. Y una vez
declarada, las herramientas para controlarla son efectivas. Pese a eso, solo
una baja proporción de pacientes logra normalizar sus valores. Te cuento por
qué y qué aconsejan para conseguirlo.
Ni análisis de sangre, ni estudios de imágenes: la
hipertensión arterial, que afecta a más de un tercio de los adultos en
Argentina, es una de las enfermedades crónicas más fáciles de diagnosticar y
tratar. Pese a eso, solo uno de cada cinco logra controlar sus valores.
El resto se ubica en alguno de estos dos grupos de
riesgo: quienes no saben que tienen hipertensión y quienes, aun con
diagnóstico, no logran mantenerla bajo control. El resultado es una verdadera
“tormenta perfecta”, grafican los especialistas.
¿Por qué? Porque vivir con la presión alta no es un
problema menor: es la principal causa de muerte y discapacidad cardiovascular,
vinculada a infartos, ACV, insuficiencia cardíaca, daño renal y deterioro
cognitivo.
En las personas con hipertensión, la sangre fluye a
través de las arterias con más fuerza, ejerciendo presiones mayores que lo
normal. La presión arterial se compone de dos números: sistólica, la “alta”
(cuando los ventrículos bombean sangre fuera del corazón) y diastólica, la
“baja” (cuando el corazón se está llenando de sangre).
Se considera que una persona tiene presión arterial alta
cuando se detectan en forma sistemática en el consultorio valores por encima de
140/90 mm Hg (o 14 de “alta” y 9 de “mínima”).
La buena noticia es que gran parte del riesgo de vivir
con presión alta puede reducirse. El nuevo Consenso Argentino de Hipertensión
Arterial 2025 insiste en algo clave: los cambios en el estilo de vida son la
piedra angular para prevenir y tratarla (en este caso, en combinación con
medicamentos).
Y no se trata solo de comer con menos sal. El nuevo
documento incorpora evidencia sobre otros factores menos explorados, como el
rol del potasio, los probióticos, el estrés y hasta el ruido ambiental.
Uno por uno, nueve cambios vinculados al estilo de vida
que recomiendan los expertos para bajar la presión arterial. 👇
1. Bajar de peso (si hay exceso)
En personas con sobrepeso u obesidad, adelgazar ayuda a
reducir significativamente la presión arterial. La recomendación apunta a
combinar una alimentación hipocalórica con actividad física regular.
El consenso también menciona que medicamentos como la
semaglutida o la tirzepatida, indicados para obesidad, pueden contribuir tanto
al descenso de peso como a bajar la presión. Pero los especialistas aclaran
algo importante: no existen planes universales y los objetivos deben ser
realistas y personalizados.

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