El Cañero

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11 de marzo de 2009

Somos puercos

Rafael Molina Morillo

Varias veces me he sentido tentado a tratar este tema públicamente, y les confieso, amables lectores, que no me había atrevido hasta este momento.
En el lenguaje coloquial, “puerco” es la palabra vulgar que empleamos para referirnos despectivamente al “cerdo” (palabra un poquito más elegante).
En la acepción que por ahora me interesa tratar (diferente a la de “puerco asao”, que es muy sabrosa), el término “puerco” equivale a asqueroso, desaseado, mal oliente, tolloso. El puerco come todas las “porquerías”, se revuelca en las pocilgas y desprecia todo asomo de higiene.
Pues bien, hoy doy rienda suelta al impulso de manifestar valientemente que nuestro pueblo es un pueblo puerco. Sí, señor, aunque me anatematicen por esta falta de respeto, pero si he de ser sincero, no me queda alternativa, sino decirlo como lo siento.
¿Por qué me expreso así? Basta caminar a pie un tramo cualquiera de cualquier calle, avenida o carretera, para comprobar que están llenas de “basura nueva”, tirada de manera continua por nosotros los ciudadanos en ese gran safacón que es el espacio público que a nadie le duele.
Los ayuntamientos hacen su trabajo de limpieza e higiene, pero la gente sigue lanzando desperdicios a la vía pública. Es frecuente también advertir cómo empresas importantes permanecen indiferentes ante la basura que día tras día se acumula en el frente de sus locales, sin hacer el menor esfuerzo por limpiarlo, “aunque no les toque”.
Los espacios públicos son el gran basurero. Y no les echemos la culpa a los síndicos, mientras sigamos tirando los desperdicios en el piso.Mientras no cambiemos esos hábitos, no podemos molestarnos porque se nos diga “puercos”.

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