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18 de enero de 2022

Ciudades planificadas y sostenibles: un desafío para América Latina y el Caribe

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América Latina y el Caribe es una de las regiones más urbanizadas del planeta con un 82% de su población viviendo en entornos urbanos y más de un tercio en ciudades con más de 1 millón de habitantes, según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal).

La concentración de la población en las ciudades más grandes de Latinoamérica ha registrado un incremento sostenido pasando del 56,7% en 1970 al 81,5% en 2020, lo que ha provocado una presión para la ocupación de suelo para uso de vivienda.

Bajo este escenario, según el estudio, tanto la reacción estatal como la del sector inmobiliario han dado muestras “de una incapacidad para responder al crecimiento sostenido del déficit habitacional”, lo que ha generado urbanización informal y no planificada generando zonas solo corporativas o residenciales que dan lugar a inseguridad y a desplazamientos más largos.

De acuerdo con la Cepal, las ciudades con alta densidad poblacional son el motor de las economías nacionales, pero en ellas se origina el 60% de las emisiones de gases de efecto invernadero, lo que deteriora las condiciones socio-ambientales de los habitantes. Esta es la razón por la que los expertos han coincidido en que el futuro de las ciudades debe ser la sostenibilidad y planificación, con el fin de ordenar el crecimiento, reducir los efectos negativos al medioambiente y mejorar la calidad de vida de los ciudadanos.

El último índice Sustainable Cities Index (Índice de Ciudades Sostenibles) publicado en 2018 por Arcadis, una empresa de consultoría global con sede en Holanda, y que analiza cuáles son las 100 ciudades más sostenibles del mundo, revela que el mayor porcentaje de ellas se encuentran en Europa, Norteamérica y Asia. Mientras que en el caso de América Latina y el Caribe solo destacan seis.

El estudio tiene en cuenta 32 factores, entre ellos, infraestructura de transporte, renta per cápita, conectividad, zonas verdes, coste de la vida y eficiencia energética con el fin de evaluar los niveles de sostenibilidad ambiental, económica y social de las ciudades. En la región, Santiago de Chile se quedó con el puesto 71 como la ciudad más sostenible de América Latina, seguida de Sao Paulo (puesto 79), Buenos Aires (puesto 80), Río de Janeiro (puesto 82), Lima (puesto 83) y Ciudad de México (puesto 84).

La Organización de las Naciones Unidas (ONU) ha dicho que una urbanización planificada contribuye a una “alta productividad, competitividad, innovación, empleo pleno y productivo, reducción de riesgo de desastres y uso sostenible de la tierra y los recursos durante el desarrollo urbano”. Además, ha señalado que ayuda a “impedir la especulación de los terrenos, a promover la tenencia segura de la tierra y gestionar la contracción de zonas urbanas”.

En Bloomberg Línea conversamos con el arquitecto uruguayo Martín Gómez, director del estudio Gómez Platero, que tiene presencia desde México hasta Argentina, para entender estas ciudades y los desafíos que enfrenta Latinoamérica en este tema.

Gómez está desarrollando actualmente tres ciudades planificadas y sostenibles en la región: una en Colonia, Uruguay; otra entre las ciudades de Manta, Jaramijó y Montecristi, en Ecuador; y otra a las afueras de Guatemala.

Ciudades de 15 minutos

Las ciudades del siglo XXI deben tener el concepto de los 15 minutos, es decir, ciudades policéntricas donde estamos a menos de 15 minutos de todas nuestras necesidades, trabajos, lugares de estudio, esparcimiento social y espacios públicos, entre otros.

Es absolutamente impensable desde el punto de vista sustentable lo que hoy pasa en algunas ciudades de Latinoamérica, que la gente se pasa una hora y media o más en transporte público o privado para llegar a su lugar de trabajo. Creo que eso, desde el punto de vista de calidad de vida y sobre todo desde el punto de vista de sustentabilidad, es exactamente el polo opuesto de adonde tenemos que ir.

La ciudad sustentable es una que, además de las cercanías, debe ser absolutamente mixta. No queremos ciudades homogéneas sino ciudades donde hay acentos artificiales de arquitectura, pero por otro lado acentos naturales donde la naturaleza toma un rol protagónico. Entonces se hace una sinergia entre lo artificial y lo natural que es lo que al final del día todos buscamos, espacios verdes y públicos para generar las relaciones sociales que tanto extrañamos durante la pandemia.

Son importantes las células irregulares, no manzanas cuadriculadas. En tanto que en cualquiera de ellas, puedas atravesarlas por parques en toda su extensión. Deben ser absolutamente dinámicas y mixtas para que haya todo tipo de usos, desde residencias unifamiliares hasta algunas de mayores densidades como edificios de 30 pisos, todos de usos mixtos, donde nunca tenemos un edificio solo de viviendas o sólo corporativo, sino que cada uno tiene partes comerciales, hoteles cerca, donde toda esa diversidad de usos van haciendo sinergia.

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