El Cañero

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8 de diciembre de 2015

El papa Francisco pidió a la Iglesia que se abra al mundo al inaugurar el Jubileo

El papa Francisco abrió en forma solemne la puerta
santa de la Basílica de San Pedro
El pontífice celebró los mil días de su pontificado con el inicio del Año Santo Extraordinario; estuvo acompañado por Benedicto XVI
ROMA.- Ante la conmovedora presencia de dos papas y un Vaticano blindado como nunca por medidas de seguridad extraordinarias, quedó inaugurado hoy el Jubileo de la Misericordia convocado por Francisco, evento religioso que se celebrará también en todas las diócesis del mundo y que durará hasta el 20 de noviembre próximo.
Ante la presencia de Benedicto XVI, papa emérito, que aceptó su invitación, Francisco abrió la Puerta Santa de la Basílica de San Pedro, símbolo del perdón y la conversión, luego de celebrar una misa solemne ante 50.000 personas en la que llamó a anteponer la misericordia al juicio.
"Este Año Santo Extraordinario es también un don de gracia. Entrar por la puerta significa descubrir la profundidad de la misericordia del Padre que acoge a todos y sale personalmente al encuentro de cada uno. Será un año para crecer en la convicción de la misericordia", explicó Francisco en su homilía. "Cuánta ofensa se le hace a Dios y a su gracia cuando se afirma sobre todo que los pecados son castigados por su juicio, en vez de anteponer que son perdonados por su misericordia", agregó, citando a San Agustín. "Sí, es precisamente así. Debemos anteponer la misericordia al juicio y, en todo caso, el juicio de Dios será siempre a la luz de su misericordia. Atravesar la Puerta Santa, por lo tanto, nos hace sentir partícipes de este misterio de amor. Abandonemos toda forma de miedo y temor, porque no es propio de quien es amado; vivamos, más bien, la alegría del encuentro con la gracia que lo transforma todo", pidió.
A la misa, que tuvo lugar en la Plaza de San Pedro en un mañana gris y fría, asistieron varios jefes de Estado y de gobierno, entre los cuales el presidente italiano, Sergio Mattarella y el primer ministro, Matteo Renzi. Además, miles de fieles, familias enteras con niños, ancianos, que comenzaron a llegar a las 6 y media de la mañana y que debieron sortear medidas de control extraordinarias. En medio de una ciudad blindada debido al "efecto París" y el temor a atentados de partes del grupo terrorista Estado Islámico, había que pasar por dos controles con detectores de metales, uno al principio de la Via de la Concilizione y otro en la Plaza San Pedro.

Como el Papa quiso que el comienzo del Jubileo coincidiera con el 50 aniversario del fin del Concilio Vaticano II (1962-65), que significó la apertura de la Iglesia católica al mundo moderno, en la misa se leyeron textos de documentos salidos de este evento. Y el Evangeliario fue colocado en el mismo atril que durante las sesiones del Concilio fue puesto en el altar de la Basílica de San Pedro para hacer evidente a todos el primado de la Palabra de Dios.

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