El Cañero

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18 de enero de 2013

Sin pudor ni rubor


Rafael Peralta Romero

Rafael Peralta Romero
Presumo que el ingeniero Miguel Vargas, todavía presidente del Partido Revolucionario Dominicano, se identifica con la mujer que  sugirió  tranquilamente: “Ni para mí ni para ti, que partan al niño en dos mitades”, cuando en presencia del rey Salomón  se disputaba, con otra,  la  maternidad  del bebé.

Esa mujer –no poco pudor- aplastó mientras dormía a su pequeñuelo y  sin rubor alguno tomó el de la otra  y le colocó a ésta el cuerpito inerte del suyo. Acudieron ante  al sabio  gobernante y éste propuso  partir  el niño vivo entre ambas.  Una de ellas –con la que simpatiza Vargas- dijo que sí y la otra –la madre del niño-  exclamó que no.

Vargas, el de la mente escindida, prefiere un PRD escindido. Después de perder la convención  en la que se escogió el candidato presidencial  de 2012, Vargas ha quedado  “con el corazón partido” y  desde entonces no quiere otra cosa que el fracaso de esa organización. Lo demostró con sus actitudes durante el proceso electoral.

El PRD perdió las elecciones siendo el partido mayoritario. Vargas se ganó calificativos de traidor, Judas Iscariote, caballo de Troya. Pero  nada le ha avergonzado. Muchos dirigentes  de “su” partido  rehúsan su presencia  y probablemente  se haya convencido de que en esa organización sólo cuenta con asalariados y beneficiarios.

No hubo  pudor suficiente para que  Vargas  sintiera  el rechazo de la militancia  perredeísta por  los vínculos que le atribuyen con  el ex presidente Leonel Fernández,  un goloso de poder a quien no le interesa  la  permanencia   de un partido firme y crítico en la oposición.  Vargas ha cumplido fielmente su pacto con Fernández: inutilizar el PRD.

 La sociedad dominicana demostró,  a final del pasado año,  disposición para   el combate de la corrupción y los abusos de Estado,  a propósito de que se descubriera el gran hoyo fiscal, que a su vez  generó el paquetazo de  impositivo. Pero el más poderoso partido  no estaba en capacidad de asumir la dirección de esa sentida  expresión del pueblo.

Una reclusa, condenada por vínculos con el narcotráfico,  reveló a las autoridades que el señor Vargas, cuando fue candidato presidencial en 2008, recibió donaciones  por valor superior a los 300 mil dólares de parte del capo José David Figueroa Agosto, quien era además marido de la declarante, Sobeida  Félix Morel.

Vargas lo desmintió tímidamente.  Pero su rostro sigue del mismo color: no hay rubor.  Para  lanzar un manto de olvido  sobre  tan grave acusación,  mueve  unos títeres a que  expulsen del PRD a los principales dirigentes y a   Hipólito Mejía,  ex presidente de la República. Pudor es sinónimo de honestidad. Rubor es  vergüenza  o sonrojo. Ambos han faltado.

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