El Cañero

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4 de marzo de 2010

Unas elecciones convertidas en festival de tránsfugas

MARIEN ARISTY CAPITÁN
Muchos electores conscientes se negarán a votar por tránsfugas
Como las moscas, van de un sitio para otro buscando lo que pueda saciarles. No les importa cómo es la casa, en qué barrio está o quiénes viven en ella. Al final, como siempre, se trata de satisfacer el ego y conseguir algún beneficio personal.
Ya no puede sorprendernos nada. Al hablar de política, definitivamente, debemos hacerlo de un mundo tan sucio como absurdo: las candidaturas se compran, las conciencias no tienen color ni lealtad y, como si fuera poco, los partidos juegan a convencernos de una seriedad que ya no logra convencernos.
Blancos, morados y rojos… todos son, definitivamente, harina del mismo costal deshilachado. De no ser así, ¿cómo podríamos explicar que unos y otros hayan ido reciclando a todos los candidatos que previamente habían sido descartados?
Y hablan de traición. Pero sólo de los que se han ido. Los que vienen, cambiando de partido, son héroes que deciden retomar el rumbo de sus vidas porque se han dado cuenta de que hasta ahora habían estado equivocados.
Ha sido tanto el ir y venir de candidatos que podría apostar a que las elecciones del 2010 pasarán a la historia como el certamen en el que brilló el transfugismo. A causa de ello, además, podría aumentar también la abstención.
Muchos electores conscientes se negarán a votar por esos tránsfugas. Porque, ¿cómo confiar en alguien que ha traicionado a su partido? ¿Puede ser leal a sus electores alguien que no lo ha sido consigo mismo?
Creo que los ciudadanos debemos dar un ejemplo a los políticos de poca monta que nos gastamos. Hay que decirle no a su voto y, en lugar de ellos, elegir a quien nos pueda representar con dignidad.

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