El último gol de Messi es el mejor de todos los que hizo
con Argentina. El gol premium. No el más bonito ni el más importante. Pero esos
18 segundos de gestación son un cortometraje donde aparecen la obstinación de
su niñez rosarina, el control de su adolescencia en La Masía, su marca de vuelo
y gambeta y una asombrosa evolución en la Selección mayor donde, cuanto mayor
es él, mejor juega. Hoy cumple 39 años.
En su sexto mundial alcanza 18 goles, superando a los
casi 9.000 futbolistas que disputaron los 23 mundiales desde 1930, incluyendo
este. Pero, ojo: para el récord, convirtió 12 de los 18 goles después de
cumplir los 35 años.
Ahora, a los 39, el tiburón simula nadar más lento, pero
ataca más rápido. En el último gol hay control exquisito, pique, freno,
asistencia perfecta, nueva aceleración, control correctivo, amague, remate y,
acá está la clave: arremetida.
Así, de arremetida, son los goles que hacen los chicos en
las escuelitas de fútbol o en los potreros sobrevivientes. Patean y, cuando la
pelota rebota y queda por ahí, van a patear otra vez. La arremetida es la
esencia del fútbol virgen. No darse por vencido. No bajar los brazos. La
sinfonía de la perseverancia.
Messi renunció a la Selección, frustrado, a los 29 años.
Volvió a los dos meses y siguió hasta ganar la primera Copa América, recién a
los 34. Fue el golpe que hizo caer todas las trabas. Cuando los otros
terminaban, él insistía.
Su último gol es el mejor porque es su vida: Messi, de
arremetida.
Estas son las noticias más importantes del día. Espero
que tengas un muy buen miércoles.

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