RAFAEL PERALTA ROMERO
La UASD es dirigida fundamentalmente por el Consejo Universitario,
que preside el rector e integran los vicerrectores y decanos junto a
representaciones de profesores, estudiantes y servidores administrativos. Seis de
las nueve facultades eligieron sus decanos y en otras se precisa votar de
nuevo, pues la abundancia de candidatos impidió que alguno obtuviera el 50 por
ciento de los sufragios.
Todo ha ocurrido en el mejor clima de paz y democracia. Sin
embargo, en el “Pequeño universo de la Facultad de Humanidades” está por
ocurrir una desviación del espíritu democrático uasdiano. Una candidata, la
maestra Ana Jacqueline Ureña, en competencia con tres pesos pesados de esa
unidad académica, obtuvo el 46 por cientos de los votos.
Los demás consiguieron 16.93, 17.82 y 18.04. Ellos habían
suscrito un acuerdo: quien obtuviera la mayor votación sería apoyado por los
otros para enfrentar a la que lucía favorita. Esa suerte recayó en el maestro
Eulogio Silverio.
Presumo que su sentido de la deontología le impide sentirse
cómodo en ese papel. A partir de los datos oficiales, la doctora Angelina Sosa Lovera,
maestra de la Escuela de Psicología, ha realizado un análisis que ilustra
objetivamente la situación. Me permito compartir algunos párrafos de su
artículo: “Los resultados de las elecciones para el Decanato de la Facultad de
Humanidades reflejan una tendencia clara y contundente en la preferencia del
electorado. De un total de 449 votos emitidos, la maestra Ana Jacqueline Ureña
obtuvo 205 votos, equivalentes al 46 % del total, posicionándose
como la candidata más respaldada por la comunidad académica.
“El análisis comparativo evidencia una diferencia significativa
respecto a los demás candidatos. El segundo lugar alcanzó 81 votos (18 %),
mientras que los otros aspirantes obtuvieron 80 votos (18 %) y 76 votos (17 %),
respectivamente”.
“Esto significa que Ana Jacqueline Ureña obtuvo más votos
que cualquiera de sus competidores individuales y concentró casi la mitad de la
voluntad expresada en las urnas”.
“Desde una perspectiva estadística, la ventaja es
notable. La candidata más votada obtuvo 124 votos más que el candidato ubicado
en la segunda posición, alcanzando una diferencia abismal”.
“Cuando los resultados muestran una tendencia tan claramente
definida, el compromiso con la democracia universitaria también implica saber
interpretar y respetar el mandato que la mayoría ha expresado”.
En las elecciones de segunda vuelta, previstas para el 2
de julio, en lo que a Humanidades respecta, será más cómodo ofrecer apoyo al
candidato minorista que para éste recibirlo.
El filósofo Silverio debe saber que lo mejor del pacto firmado
en el proceso electoral es NO cumplirlo. Lo elegante es que sea el maestro
Silverio quien decline una candidatura que menoscaba su imagen. Aún es tiempo.
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