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16 de septiembre de 2023

Pertenecerse

 Erinia Peralta

Creo que no he conocido a un ser humano más orgulloso de sí mismo de lo que siempre estuvo mi abuelo. Expresaba su orgullo, no sólo con la firmeza y audacia de su accionar, sino que logró además resumirlo en poderosas frases que retumbaban cuando las pronunciaba y que, todavía hoy, recuerdo.

Mi abuelo solía decir: “Desde los 13 años, yo me pertenezco”. Era una forma de declarar que desde esa edad era dueño de sí mismo. Yo lo escuchaba cuando niña (era una frase que repetía mucho) pero no alcanzaba a entender el significado, hasta hoy, y, confieso, que mi “pertenencia” no fue tan temprana como la de mi abuelo y que, de hecho, hoy por hoy, todavía en algunos momentos, y traicionada por múltiples factores, incurro en una suerte de negación o distanciamiento de esta pertenencia o independencia.

Mi abuelo atribuía su “pertenencia” a cosas que había logrado, como haber hecho, a los treces años tres conucos… es decir, que él comprendió muy temprano que ser dueño de uno mismo estaba estrictamente ligado a la capacidad de lograr cosas, de ser autosuficiente, y que, en base a eso o, mejor dicho, que eso y solo eso le daba la autoridad para erigirse frente a cualquiera, incluso frente al mismísimo Trujillo… como hizo, según me contó.

Mi abuelo no le pertenecía a nadie y ese era su mayor orgullo. Decía que era el hombre más serio de Miches y lo creo. Su honor se basaba en el más importante de los logros humanos: dominarse a sí mismo y haberse ganado a pulso, “con el sudor de su frente”, todo lo que tenía.

Creo que adquirió esta certeza del mismo instinto de supervivencia y comprendió, siendo incluso un niño, que trabajando, literalmente, se “ganaba la vida” como si estar vivo dependiera de ello… como si no tuviese otra opción.

Hoy, las cosas son distintas e iguales, el camino de la autodeterminación sigue siendo tortuoso y más que nunca está muy marcado con lo que podemos hacer con nuestras vidas, más allá de lo que podemos ser. Parece más urgente hacer, que ser y vivimos con el afán que esto acarrea.

Él pudo matizar ese hacer con ser… se mostraba más orgulloso de su seriedad y capacidad de trabajo que de cualquier otra cosa y, sin saberlo, dejó en mí dos lecciones importantes, más allá de sus motivaciones o propósitos, me enseñó que hay que labrarse a uno mismo y que hay que ser íntegro en el proceso, todo esto mientras uno… “se gana la vida”.

Lo intento, papá, … intento “pertenecerme” como buena nieta de Tomás Rodríguez, el hombre… más serio de Miches.

 

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