El Cañero

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2 de septiembre de 2012

La cruda realidad a partir de los 60


(Tomado de: www.hoy.com.do)
A partir de los 60: un dolor de cabeza es un derrame
Escrito por: MARIO EMILIO PÉREZ ( marioeperez@hotmail.com)
TODOS LOS MAILS TE DICEN QUE ESTA ES UNA EDAD MARAVILLOSA PORQUE NO TIENES QUE TRABAJAR, HACES LO QUE QUIERES, LO QUE TE GUSTA, PORQUE LOS CHICOS YA SE FUERON, ETC, ETC, ETC, PARA MI, ESTE MAIL ES LA VERDADERA REALIDAD Y POR ESO NO ME GUSTÓ. EL HIJO DE SU MADRE QUE LO ESCRIBIÓ NO PUEDE SER TAN CRUEL, TODO LO QUE DICE ES VERDAD PERO NO HACE FALTA QUE TE LO REPITAN TAN DESCARNADAMENTE...
(O sea un canto de alegría.)
Si usted ya llegó a los 60 años o está por llegar, cuídese de todo, de todos y de todas. Usted ha llegado a una edad tal, que no es otra cosa que la época en que todo comienza a arrugarse, agacharse y a perezarse; es el indefectible e incontenible inicio del declinar de la existencia.
No se trague el cuento de que usted está en su mejor edad. Eso fue a los 30 y a comienzos de los 40, cuando repetir de todo no sólo no hacía daño, sino que era posible y hasta motivo de orgullo y de jactancia.
Pero a los 60 “repetir” es palabra maldita y prohibida. Veamos:
¿Repetir matrimonio? ¿Con qué y a qué hora?
¿Repetir frijoles? ¿Y los gases qué?
¿Repetir el acto sexual? Será dentro de una semana (con suerte).
 Después de los 60, no hay vuelta posible: ¿Volver a empezar? ¿Con qué tiempo?
¿Volver a ser papá? No seas baboso.
¿Volver a trotar? Infarto seguro.
¿Volver a nadar? Será flotar.
¿Volver a cantar? Te ahogas, mi vida.
¿Beber como antes? Ahí viene la cirrosis.
Después de los 60 todo es grave, de cama, de muerte.
Un catarro es una bronquitis.
Un resfriado, una neumonía.
Una tos, tisis.
Un golpe, un hematoma.
Un chicharrón, diente partido.
A partir de los 60:
Un dolor de cabeza es un derrame.
Un dolor en el pie, gota.
Dolores en las manos, artritis.
Un olvido pendejo, mal de Alzheimer.
Una tiritada, Parkinson.
Un estornudo, tuberculosis.
Una oclusión intestinal después de los 60, es cáncer de colon.
Sed, diabetes.
Un kilo de más, escoliosis.
Un kilo de menos, ¿será leucemia?
Una orinada a media noche, próstata.
A los 60, lo que no crece se cae o no funciona igual. Aquél que les conté, por ejemplo, fiel cómplice de ternuras en otros tiempos, es  ahora un perezoso y desvergonzado, especialista en contradecir tus arrestos, haciéndote quedar muy mal. Y aquella, ya no lubrica como antes.
Se cae el cabello.
Se caen los senos.
Se caen las mejillas.
Se caen las nalgas.
Crecen pelos en la barbilla, en las orejas, en la nariz.
A los 60 todo es peligroso:
Sonarte fuerte, hemorragia nasal.
Visión borrosa, cataratas.
Cera en los oídos, otitis.
Insomnio, ataque depresivo.
Un pelo en el peine, calvicie.
Dolor en la nuca, osteoporosis.
Y no se te ocurra subirte más en escaleras.
Si después de los 60, usted se despierta y no siente nada, es porque está muerto.
Si se le daña el estómago, le tienen que poner suero.
Si le ponen trabas al renovar el seguro de vida, consiga siquiatra.
No es por mortificar.
Pero es mejor que sea consciente de lo que le espera, para que vaya organizando su testamento y escogiendo un buen lugar en su cementerio favorito, luego, claro, de haber pasado su temporada en el asilo que seleccionaron sus hijitos queridos.
Piense. Hágalo en serio.
No sea que a su pobre familia le toque decidir todas estas cosas en momentos de apremio.
Claro, puede que llegue a los 80; pero no le recomiendo confiarse demasiado; y  en todo caso, nunca será lo mismo.
Y aquí te dejo, porque es hora de echarme mi polvito, aunque sea de Metamucil y aplicarme linimento por todos lados. Ah, por cierto, esto lo escribí en letra grande para que no te cueste leerlo.
No nos hagamos ilusiones.

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