El Cañero

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14 de noviembre de 2010

Julio César Martínez

Foto tomada a principios de la década de los 60, en los pasillos de la Universidad Central de Caracas. A la derecha, Olga Bello viuda Martínez, junto a Julio César Martínez y Juan Bosch. También, el dirigente del Partido Acción Democrática, César Rondón Lovera, y de frente, al lado del Prof. Bosch, el exiliado antitrujisllista y residente en Caracas, José Moscoso.(Foto archivo, Atanay.Com)

Por Olga Bello Vda. Martínez

“Su lealtad hacia sus compañeros y amigos, su dedicación a las causas nobles, a los ideales más puros nos hizo admirarle y amarle sin límite alguno.”

Santo Domingo. (Atanay.Com).-Si el periodista Julio César Martínez estuviera vivo, este domingo 14 de noviembre, cumpliría 94 años.

Por eso, un día como ese, en el que conmemoramos su nacimiento, nos hace pensar que, dondequiera que su alma se encuentre, a 31 años de su muerte, tiene que ser un lugar lleno de luz, tranquilidad y mucha paz. La Gloria eterna ganada en base a una vida ejemplar, llena de pasión y de sacrificios.

Es merecedor de eso y más, por ser excelente como hijo, hermano, esposo, padre, periodista y amigo.

Su lealtad hacia sus compañeros y amigos, su dedicación a las causas nobles, a los ideales más puros nos hizo admirarle y amarle sin límite alguno.

Trabajador incansable, solidario, para mí, que le conocí muy joven y provenía de un pueblecito de campo, llegó a ser no solo un esposo, fue padre, hermano, amigo, todo lo que una persona como yo necesitaba en ese peregrinar por todos los países que sus actividades como periodista y luchador por la democracia y la libertad en los países de América Latina.

Soñador, nunca vio llegar el momento de ese triunfo y se entristecería al saber cómo se han torcido los caminos que llevan hacia ese ideal por el cual él y muchos de sus amigos lucharon y sufrieron.

Me uno a nuestros hijos, nietos y biznietos para dar gracias a Dios todopoderoso por habernos permitido conocer y transmitir a las nuevas generaciones los valores que adornaron a Martínez, como prueba fehaciente de que existieron personas como él, desinteresadas y limpias cuyo recuerdo por si solo nos permite soportar este afán diario e inhumano en que vive nuestra sociedad.

Pedimos a Dios mucha paz para su alma.

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