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27 de abril de 2024

¿Qué lleva a los políticos a abandonar el poder?

 El caso de Pedro Sánchez, que ha liberado un par de días de agenda para reflexionar sobre su futuro tras la implicación de su mujer en una investigación judicial, no tiene precedentes directos, aunque sí hay ejemplos muy cercanos. Tanto por motivos personales como políticos.

POR JAVI SÁNCHEZ   Vanity Fair

“Liderar un país es el trabajo más privilegiado que cualquiera podría llegar a tener, pero también supone el mayor desafío. No puedes ni debes hacerlo salvo que tengas las pilas bien cargadas y una reserva de energía para los retos imprevistos que acaban surgiendo”. No busquen la frase en la carta de Pedro Sánchez anunciando una reflexión sobre su futuro y dejando entreabierta la puerta a su dimisión. Es parte del discurso con el que Jacinda Ardern, la primera ministra neozelandesa que rompió varios moldes con su juventud y su estilo de gobierno, anunciaba su dimisión hace algo más de un año. Ardern, que rompió a llorar al anunciar su discurso, también reflejó su vida familiar en esa decisión. Pidió matrimonio a su pareja en esa misma comparecencia (una boda que se celebraría un año más tarde, en enero de 2024) y tuvo un guiño para su hija pequeña: "Neve: mamá tiene muchas ganas de estar ahí este año, cuando empieces el colegio”.

Ardern es quizás el ejemplo más cercano de lo que ocurre hoy con Pedro Sánchez, el político al que más próximo confesaba sentirse: una líder desgastada por el populismo global de la ultraderecha, cuya popularidad internacional era más elevada que su percepción local, y que -en esto difería de Sánchez- practicaba una conciliación familiar como pocas veces se había visto con el ejercicio del máximo poder. Una de las frases de su dimisión contenía la guía para lo que estamos viendo: “Soy humana. Los políticos son seres humanos. Nos esforzamos todo lo que podemos durante el mayor tiempo. Y luego llega el momento de parar”.

Por debajo de su nivel, ha habido varios ejemplos de dimisiones y renuncias para dedicar el tiempo a la familia, en administraciones poco sospechosas de jugar al electoralismo. Uno de los casos más sonados hace una década y media fue el de Bill Daley. Fue su jefe, Barack Obama, el que anunció su renuncia “para pasar más tiempo con su familia”. En su momento, bastante impactante: el jefe de gabinete es el cargo con más poder en la Casa Blanca por debajo del presidente. Un consejero para todo que organiza la agenda del presidente y le ayuda en todo tipo de tareas. Puede que no tenga poder ejecutivo, pero no hay cargo más relevante en cuanto a poder real. Daley, en realidad, tenía más motivos para renunciar aparte de la familia. Su misión era calmar las aguas entre demócratas y republicanos para conseguir grandes acuerdos, algo en lo que falló estrepitosamente. Contaba con la confianza de Obama, pero eligió volver a la cuna política y familiar de ambos, Chicago. Washington no le merecía la pena.

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Del bando republicano también hubo renuncias familiares, aunque fuesen temporales: Karen Hughes, considerada la mujer con más poder en la Casa Blanca hasta que Hillary Clinton fue secretaria de Estado, y una de las asesoras más cercanas de George W. Bush, también renunció por motivos personales, aunque fue más un paréntesis que un abandono en toda regla.

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