Si bien el criterio británico se suele desviar de los Oscar (como sucedió el año pasado), estos resultados bien pueden servir de aperitivo e inspirar a algún indeciso al otro lado del charco.
Por Darío Gael Blanco Vanity Fair
Si bien, como viene siendo lo
habitual, la lista de nominados de los BAFTA coincide en gran medida con la de
los Oscar, el criterio de sus votantes a menudo difiere bastante. Prueba de
ello fue su reconocimiento a Cónclave el año pasado, que la Academia no
compartió.
Uno de los primeros premios (y
sorpresas) de la gala fue la victoria de la actriz nigeriano-británica Wunmi
Musaku (Sinners), que ganó el premio a la mejor actriz secundaria frente a las
favoritas, Teyana Taylor y las también británicas Emily Watson o Carey
Mulligan.
Frankenstein de Guillermo del
Toro ha corrido mejor suerte que en otras plazas tras irse de vacío en los
Globos de Oro, si bien brillando únicamente en apartados técnicos: se ha
llevado los BAFTAs al mejor vestuario, al mejor maquillaje y peluquería y mejor
diseño de producción.
Las películas más nominadas de
este año no suponen, eso sí, un desvío frente a las más favorecidas por los
Oscar: Una batalla tras otra de Paul Thomas Anderson (ganador del premio al
mejor director, uno de los más importantes de la noche) llegó con 14 nominaciones
bajo el brazo y Sinners de Ryan Coogler con 13, tres menos que en los Oscar. Le
seguía Hamnet de Chloé Zhao, la más británica (e internacional en su equipo) de
las aspirantes, con 11 nominaciones. La gran ganadora de la noche, eso sí, ha
sido la más nominada, que ha conseguido hacerse con el BAFTA a la mejor
película acumulando un total de seis, entre ellos el de mejor actor secundario
y mejor guion adaptado. Al recoger el premio más deseado de la noche, el
director, abrumado, animó a los allí presentes a “seguir haciendo películas sin
miedo”. Sinners, por su parte, se ha ido con tres premios, incluido el de mejor
guion original. Hamnet se ha hecho con el premio a la mejor película británica,
sumando dos premios en total.
Paul Thomas Anderson tras recoger
el premio a la mejor película para Una batalla tras otra entregado por Glenn
Close.
Otra de las grandes sorpresas de la noche ha sido Robert Aramayo (Incontrolable), que no solo se ha llevado el premio al mejor estrella emergente (votado por el público), sino que se ha impuesto a la realeza hollywoodiense presente entre los nominados alzándose con el premio al mejor actor principal frente a Leonardo DiCaprio, Michael B. Jordan o Timothée Chalamet.
Menos sorprendente ha sido la
categoría de mejor actriz principal, en la que Jessie Buckley continúa su buena
racha. “Soñé un poquito con ser un poquito como Judi Dench”, dijo antes de
matizar que “en realidad, esto pertenece a las mujeres del pasado, presente y
futuro que me han enseñado (y continúan haciéndolo) a hacerlo de manera
diferente”.
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