La comida
como medicina
El concepto no es nuevo. Desde la medicina tradicional
china hasta la dieta mediterránea, los alimentos han sido vistos como aliados
contra la enfermedad. Ajo, cúrcuma, té verde y legumbres han demostrado efectos
antiinflamatorios y protectores del corazón. En un mundo saturado de fármacos,
recuperar la idea de que la cocina es también botica resulta revolucionario.
Evidencia
científica
Un estudio global publicado en Nature Medicine en 2025
analizó a más de 300.000 personas durante décadas. Usando inteligencia
artificial y análisis de genética, metabolismo y microbiota intestinal,
concluyó que no existe una dieta universal: lo que importa es cómo cada cuerpo
interpreta los alimentos. La diversidad y la adaptación cultural son
esenciales.
Moderación y longevidad
Silvio Garattini, oncólogo italiano de 96 años, sostiene
que reducir un 30% la cantidad de comida puede aumentar la esperanza de vida en
un 20%. La restricción calórica moderada, practicada con equilibrio, parece ser
una de las claves para llegar a los 90 con vitalidad.
Tres pilares para una vida larga
calidad de los alimentos: frescos, naturales, ricos en
fibra y antioxidantes.
Moderación calórica: comer lo suficiente, sin excesos.
Diversidad cultural: adaptar la dieta a la identidad y al
entorno, evitando fórmulas rígidas.
Reflexión final
La comida como medicina no significa renunciar a la
ciencia, sino complementarla. Es un recordatorio de que cada plato es una
decisión sobre nuestra salud futura. Comer bien es, en última instancia, un
acto de resistencia contra la enfermedad y un compromiso con la vida.
¿Puede la gratitud añadir años a tu vida?
por Charles Platkin, PhD, JD, MPH 12 de febrero de 2026
Lo que dice un creciente cuerpo de investigación sobre el
agradecimiento, el riesgo de enfermedades y cuánto tiempo se vive
La pregunta del nueve por ciento
Aquí hay una cifra con la que vale la pena sentarse:
nueve por ciento. Esa es la cantidad en la que el riesgo de morir por cualquier
causa disminuyó entre las mujeres mayores que obtuvieron la puntuación más alta
en una simple encuesta de gratitud de seis preguntas, en comparación con
aquellas que obtuvieron la puntuación más baja — incluso después de que los
investigadores tuvieran en cuenta ingresos, hábitos de ejercicio, dieta,
tabaquismo, condiciones de salud existentes e historial de salud mental. El hallazgo,
publicado en 2024 en la revista de alto impacto JAMA Psychiatry, proviene de un
estudio que siguió a casi cincuenta mil mujeres durante aproximadamente tres
años de seguimiento. No fue un experimento piloto pequeño ni una anécdota de
autoayuda. Fue una de las investigaciones más grandes y rigurosamente
controladas jamás realizadas sobre la relación entre un rasgo psicológico
positivo y el riesgo de muerte.

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