La seguridad que protege a las empresas empieza en la red, no en la contraseña.
Liberty Networks
A medida que las compañías
dependen cada vez más de servicios digitales, aplicaciones en la nube y
operaciones distribuidas, las amenazas cibernéticas superan con facilidad la
capacidad de respuesta individual. Ataques automatizados, interrupciones de red
y vulnerabilidades a gran escala afectan la continuidad operativa, la
reputación y los ingresos de las organizaciones. En este contexto, Liberty
Networks subraya que la seguridad debe integrarse desde la base de la
infraestructura como un componente esencial, junto con otros elementos clave.
“La seguridad en Internet no
empieza cuando un usuario inicia sesión, sino mucho antes, en cómo se diseñan
las redes, se interconectan los sistemas y se garantiza la operación continua
de los servicios digitales”, señaló Danilo Fernández, vicepresidente y director
comercial para B2B LATAM de Liberty Networks.
Desde una perspectiva
empresarial, la ciberseguridad se ha convertido en un pilar de confianza
digital. Las organizaciones necesitan infraestructuras resilientes para
proteger datos sensibles, asegurar la disponibilidad de los servicios de misión
crítica y responder de manera efectiva ante incidentes. En este escenario, la
infraestructura deja de ser un componente técnico para convertirse en un
habilitador directo de la continuidad del negocio.
“El impacto de un incidente de
seguridad ya no se mide solo en los sistemas afectados, sino también en
operaciones detenidas, clientes insatisfechos y pérdida de confianza. Por eso,
una infraestructura robusta y bien diseñada es hoy una de las principales
defensas frente a las amenazas digitales”, agregó Fernández.
En este contexto, Liberty
Networks comparte cuatro recomendaciones clave para que las empresas
fortalezcan su postura de ciberseguridad desde una visión estructural:
● Diseñar
la seguridad desde la red, incorporando elementos de redundancia, segmentación
y monitoreo continuo como parte de la arquitectura, no como soluciones
aisladas.
● Priorizar
la continuidad operativa, evaluando los escenarios de falla y asegurando que
los servicios críticos puedan mantenerse activos ante incidentes.
● Integrar
la ciberseguridad a la estrategia de negocio, entendiendo que una interrupción
digital impacta directamente ingresos, reputación y confianza del cliente.
● Asumir
la seguridad como una responsabilidad compartida, en la que usuarios, empresas
y operadores desempeñan roles distintos pero complementarios.
En un entorno donde la operación
digital es permanente y los riesgos evolucionan a gran velocidad, la
ciberseguridad ya no puede tratarse como una reacción ante incidentes, sino
como una decisión estructural de negocio. La capacidad de una empresa para operar,
crecer y generar confianza depende directamente de la solidez de la
infraestructura que la conecta, la protege y la mantiene en funcionamiento. En
ese sentido, la seguridad digital no se improvisa ni se delega: se diseña, se
opera y se sostiene desde la base misma de la infraestructura que impulsa la
economía digital.
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